Una vez finalizada la guerra civil la vuelta a la normalidad en todas las localidades españolas tuvo que pagar el peaje del reconocimiento al nuevo Régimen, incluso se purgaron y depuraron las dudas que muchos individuos presentaron aparente o realmente ante la confianza de los nuevos responsables públicos. 
Para ello, se inició un proceso represivo, al margen de lo que fue el meramente bélico que se sustanció en un procedimiento administrativo que hemos podido consultar en los denominados Expedientes de Responsabilidad Política, las Fichas de Antecedentes y las Fichas de Libertad Vigilada que se realizan en un elevado número, como veremos en el caso de Madroñera, a partir fundamentalmente de 1939.
En ellos con un lenguaje grosero y soez y con las declaraciones de las principales fuerzas vivas: alcalde, jefe de Falange y el cura se describe lo que para ellos era la causa de posible delito de los denunciados y donde, en no pocas ocasiones, se mezclaban motivos de índole personal con otros de carácter moral y/o poĺíticos.
Para que veamos cómo se actuaba en paralelo a la legalidad tenemos que resaltar que de Madroñera sólo hemos podido localizar en los Archivos un caso de un jornalero ( por cierto una de las profesiones, junto a la de campesinos más reprimidas en el pueblo), Nicanor Bernal Gonzalo al que se le aplicó una sentencia donde se le acusaba paradójicamente del delito de adhesión a la rebelión y se le condenaba a 20 años de prisión ( si bien fue conmutada por una pena menor de 6 años de cárcel).
Citemos otros casos, como el de Antonio Recio Rosa, figura en su Ficha de Antecedentes como en libertad provisional y de él se cita textualmente que se “ marchó a campo rojo como voluntario el 19 de diciembre de 1936 y permaneció en citada zona hasta el 29 de marzo de 1939 en que se presentó en Mora de Ventoso ( Teruel) y ha estado detenido 6 meses entre el Campo de Concentración de Mesa de Medinaceli y Porta Cuilis (Valencia)”.
Algo parecido sucede con José Barquilla del que se dice que está en libertad provisional y que también se marchó voluntario a zona roja donde ha permanecido hasta el 29 de marzo de 1939 que se presentó en Casa del Guarda (Guadalajara) siendo conducido al Campo de concentración de Trujillo y entre éste y el de Cáceres ha estado detenido 14 meses.
De muchos de ellos figura como filiación política su adscripción al sindicato UGT y en su mayoría pertenecían a fuerzas políticas de izquierdas como el PSOE. Es lo que vemos con Antonio Barrado Rosa que había sido condenado a 12 años de cárcel, que pasó por varios campos de concentración y prisiones hasta que una vez juzgado le redujeron su pena a 3 años que cumplió en su domicilio particular. Algo muy similar le sucede a Juan Gozalo Durán, a José Barquilla Barquilla que ha estado detenido 14 meses en un Batallón de Trabajadores de Mallorca o a Marcelino Barrado Rosa, al que a modo de anécdota se le incluye una conceptuación religiosa mala “ no se asoma al templo nunca”.
De Manuel Moza Labrador que era el cabo de los serenos se indica que “ profesó y exteriorizó sus ideas extremistas y que fue detenido al tratar de pasar con su familia a campo enemigo en el frente de Logrosán.
A varios de ellos se les acusa de tener una vida privada deficiente a otros se les califica su condición de elemento destacado de izquierdas si bien se incide como con Antonio Rol Hoyas, Ricardo Hoyas Castuera o el matrimonio de Cecilio Rodríguez Rodríguez y Antonia Campo Bernal en que tras el Movimiento no se tienen datos de su actuación.
Peculiar es el documento que hemos consultado de Agustín Ávila Miguel ( alias el cojo). De él se indica que fue un “individuo peligrosísimo y de mucho cuidado distinguiéndose siempre por su persecución contra todo lo que significaba orden. Su conducta moral es mala”
El tema de la moralidad se cebaba especialmente con algunas mujeres como Francisca Miguel Sánchez de la que se decía que aparte de ser una individua muy extremista era de moralidad baja. También se realizaron fichas de seguimiento a las esposas de los directivos del Partido Socialista.
Nos llama la atención otra ficha de una mujer. Se trata de A. Díaz Sánchez. En su expediente consta que fue una “ individua de mucho peligro y de cuidado, de una conducta moral bajísima. Se distinguió siempre por sus ideas extremistas. Se ha distinguido por su facilidad de palabra para las masas, pues siempre que hubo alguna manifestación de izquierdas se encontró a la cabeza. Su casa fue punto de reunión donde se juntaban los más elementos peligrosos de este pueblo. Además confeccionaban camisas rojas, emblemas… También tenían un teléfono que siempre estaba dispuesto a transmitir órdenes a la Casa del Pueblo”. A ello se une la ficha realizada a su madre conocida con el alias de “ la tuerta” y de la que se insistía en que tenía una conducta moral denigrante: “ estaba dispuesta a negocios sucios e inmorales y de ideas muy extremistas”. Después del Movimiento estuvo bastante tiempo detenida en Trujillo.
Resultan llamativos varios casos de personajes de filiación socialista a los que se valora bien y de los que suponemos que tendrían avales de vecinos afines al nuevo régimen o gozaron de buen predicamento en el pueblo como personas de buena conducta con lo que les costaba trabajo reprimirlos.
En definitiva hemos tratado de exponer una muestra de casos que nos permiten ver cómo se perpetúa la represión una vez acabada la contienda. El pueblo de Madroñera sufrió en las carnes de sus vecinos el maltrato, no sólo de índole físico, sino a su vez la descalificación de las conductas y la configuración de un estereotipo alejado al que con la fuerza de la violencia se impuso.
Fernando Ayala Vicente. Doctor en Historia. Secretario para el Análisis de la Historia Socialista de la Ejecutiva del PSOE de la provincia de Cáceres.













