Hace un año nos dejó nuestra querida compañera Charo Cordero Martín.
No sabemos entender las ausencias, no nos preparan para ello. Somos parte de una cultura que llora a sus muertos y que sucumbe ante la tristeza hasta que nos acostumbramos a vivir con ella.
Charo fue, es, una persona dulce, amable, honesta y comprometida con el diálogo. Hizo de su vida un manual de instrucciones contra los intolerantes, contra los que odian y contra los que no aceptan -aún muchos- que una mujer dirija los destinos de esta provincia.
Tenemos dos opciones: llorarla o reírla. Hoy, a un año de su muerte, vamos a elegir reírla. Ella nos querría así, juntas, juntos, brindando por un año mejor, lleno de retos para mejorar la vida de la gente.
Se nos seguirán mojando los ojos con la humedad de la nostalgia. No podremos darle un abrazo y dos besos, ni acariciarle su rostro iluminado con la sonrisa de siempre.
Pero también podemos estar felices porque tenemos su ejemplo, su voluntad y su bondad como banderas que nos seguirán señalando por dónde ir.
Charo, lo más parecido al alma es la memoria. Nuestra promesa es no olvidarte nunca.
En estas fiestas, brindaremos por ti…













