Blanca Martín: “El populismo no es un reto electoral, sino el relato del fracaso ajeno”

“La Presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín, intervino como moderadora de la sesión de debate “La historia del futuro” en el Seminario por el XX Aniversario de la CALRE, en Oviedo. A continuación sus palabras: 

Cuando la abstracción se apodera de los conceptos, todo es posible y potencialmente dependiente de lo que seamos capaces de soñar para convertir en realidad todos nuestros anhelos individuales y construcciones colectivas.

Si en 1945, con un continente que arrastraba la vergüenza de un holocausto compuesto por 50 millones de muertes, los defensores de la libertad y la concordia, soñaron y consiguieron, con idas y vueltas, con muros y derribándolos, una Europa que convivió en paz durante seis décadas, con la excepción nada abstracta de la guerra de los Balcanes.

Quiero recordar lo que hace 20 años, la Declaración de Oviedo, en su punto número 3, decía:

la participación de las regiones en las que las personas están arraigadas y encuentran su identidad contribuirá a una mayor proximidad del ciudadano a la Unión.

Aquella Declaración también afirmaba que era necesario

conceder, a los Parlamentos Regionales posibilidades de participación, ya que, como instituciones especialmente próximas al ciudadano, les corresponde un importante papel mediador entre los ciudadanos y la Unión Europea (punto 4).

No parece que hayamos sido demasiado exitosos en cuanto a proximidad y mediación, teniendo en cuenta el desapego y la coyuntura actual, fragmentaria en la que vivimos. Hoy, y después de mirar en perspectiva hacia atrás, para hacerlo en prospectiva, aseguramos que nuestra historia nos posiciona ante un futuro incierto que debemos encarar con diligencia, libertad y solidaridad que una a los pueblos de un continente sitiado por muertos en las costas del Mediterráneo, con el Brexit, con los disociadores de un esfuerzo común y con quienes creen que, en materia de derechos individuales, todo está escrito.

Yo, como moderadora de este debate, no puedo fragmentarme en ese papel, el de mujer, el de presidenta de la Asamblea y en el de militante de base de un partido político que debe, como tal, aglutinar todas las sensibilidades ante los retos que hemos de afrontar.

Me gustaría parafrasear, antes de proseguir como mi forma de entender la actualidad, el punto 8 de la Declaración de Oviedo:

las instituciones parlamentarias regionales pueden, por su proximidad a los ciudadanos, aportar valiosas contribuciones al patrimonio de amistad que debe fomentarse en el seno de la Unión.

Europa es una abstracción en tanto y en cuanto es una idea, un sueño, un ideal, un conjunto de voluntades pacíficas que, después de mucha sangre derramada, consiguieron amalgamar progreso con humanidad, igualdad con generación de riqueza, competitividad con estado del bienestar. Pero Europa, también es un cúmulo de fracasos que, si no somos capaces de reconducir en aciertos, la grieta continental ya visible, podrá convertirse en separación definitiva. Ni heraldos del misterio, como escribía César Vallejo, ni ingenuos de la inercia, tal y como, a veces, parece que abordamos los conflictos planteados por la historia y su devenir en aquello que está sucediendo.

El populismo no es un reto electoral que se derrota en las urnas. El populismo es un relato del fracaso ajeno –del nuestro, sí-, es un argumento contra los que defendemos una globalización de derechos y libertades protegiendo las identidades y peculiaridades comerciales y culturales. No defendemos, no defiendo, como mujer y política, una Europa fragmentada y diferenciada entre nacionalismos excluyentes y criaturas flotando en el mar porque somos incapaces, como con los judíos hace 80 años, de dar cobijo a su huida de la guerra, del horror, del tiempo sin futuro.

El populismo y el mercantilismo, exacerbados ambos, nos llevarán a un futuro diezmado por nuestras carencias de hoy, por un mundo polarizado bajo una máscara maniquea, ruin, y vacía. No podemos caer en la simpleza de creer que el progreso se ha construido en blanco y negro. Si lo hacemos, habremos vuelto a fracasar y a destejer con errores e inoperancias repetidas, lo que en los matices sería un futuro sin muros, sin vergüenzas, con derechos que no mercantilicen, con altruismo, con valores, con igualdad. Nuestro futuro, sin duda alguna, depende de lo que hoy hagamos aquí y ahora como políticos e individuos…o viceversa. Más allá de declaraciones y mucho más cerca de las necesidades de la ciudadanía. Estamos para dar respuestas y liderar hacia el futuro a nuestros convecinos. ¿Seremos capaces?”

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