50 años después

Hace medio siglo moría el dictador genocida que evitó la libertad, la igualdad y el progreso. LO que hemos conseguido en democracia, hay que reivindicarlo cada día, lucharlo cada día y defenderlo cada día.

Hace cincuenta años, Franco murió en una cama rodeado de su familia, un privilegio que él jamás concedió a quienes consideró sus enemigos. Medio siglo después, lo que verdaderamente importa no es la fecha de su muerte, sino nuestra capacidad de recordar a todas las víctimas de una dictadura que persiguió, silenció y asesinó a miles de españolas y españoles por defender la cultura, la educación pública, la igualdad y la libertad.

La memoria democrática no es un gesto hacia el pasado: es una responsabilidad del presente. Porque todavía hay quienes relativizan aquella violencia, quienes blanquean la dictadura o cuestionan los consensos democráticos que costaron tantas vidas y tanto dolor.

Personas castigadas por pensar, por enseñar, por escribir y por querer un país democrático. Mujeres y hombres cuya dignidad resistió al miedo, al exilio, a la cárcel y, en tantos casos, a la muerte.

Por eso, este 20 de noviembre de 2025 es un día para mirar de frente a quienes padecieron el régimen y a quienes dedicaron su vida a recuperar la democracia en España. Hoy recordamos a quienes hicieron posible que nuestro país renaciera sobre los valores de justicia, convivencia y pluralidad. Son ellos quienes sembraron las libertades que hoy disfrutamos.

Esa memoria democrática no es un gesto hacia el pasado: es una responsabilidad del presente. Porque todavía hay quienes relativizan aquella violencia, quienes blanquean la dictadura o cuestionan los consensos democráticos que costaron tantas vidas y tanto dolor.

Frente a quienes pretenden que retrocedamos, reafirmamos nuestro compromiso: cada palabra, cada acción y cada decisión deben seguir construyendo una España que convive, una España plural, diversa y profundamente democrática.

Honrar la memoria de las víctimas es defender, cada día, la libertad que soñaron. Porque ninguna sociedad puede permitirse olvidar aquello que la hizo avanzar.

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