Artículo de la Presidenta de la Diputación provincial de Cáceres, la socialista Charo Cordero. 
Por Charo Cordero.-
Quisiera con este artículo contribuir al conocimiento del trabajo de las diputaciones provinciales con el objetivo de facilitar una información sosegada que equilibre algunas de las ideas controvertidas que acompañan a los rápidos debates que estamos oyendo en las últimas semanas. Al menos debo hacerlo como presidenta de la Diputación de Cáceres, en la confianza de que en mis palabras se ven reflejadas las opiniones de alcaldes y alcaldesas de nuestra provincia.
Debo dirigirme para ello a la ciudadanía del mundo rural para el que trabajamos, pero también a los ámbitos urbanos, más desconocedores de nuestra función y, quizás por ello, más propensos al cuestionamiento de las instituciones provinciales ya que su relación con el medio rural es muy somera en lo cotidiano. Lo hago con la humildad de ser alcaldesa de Romangordo, una pequeña población en las riberas del Tajo, que sabe hasta qué punto la diputación es una parte de los recursos necesarios, no sólo por sus medios técnicos y financieros, sino por ser la administración de referencia, la cómplice en nuestros objetivos, la de nuestra confianza.
Quien más y quien menos conoce de cerca nuestros pueblos. Bien por venir de ellos, bien porque es allí donde buscan el aire que les renueva siquiera los fines de semana. La nuestra es una región rural. Y la provincia de Cáceres lo es aún más. Nuestros núcleos de población son numerosos y muy pequeños. Pero son los guardianes de nuestros más preciados tesoros, desde la Sierra de Gata a las Villuercas, desde las Hurdes a la Sierra de San Pedro. Tesoros insostenibles sin sus administraciones locales. Administraciones insostenibles sin la institución provincial. No es frecuente el reconocimiento a su labor así que no debo dejar pasar la ocasión para destacar cuanto esfuerzo y talento hay detrás de cada carretera rural, de los saneamientos e instalaciones municipales, de las actuaciones culturales. Cuánta implicación es necesaria para garantizar la mejor asesoría jurídica y técnica a la función local. O cuánta participación es impulsada para dotar a nuestras comarcas de los mejores escenarios de desarrollo. Detrás de todo está la diputación. No es necesario que se note, sólo que haga funcionar las cosas. Quizás alguien se dé cuenta de que tras cada historia de éxito hay personas trabajando honesta y diariamente. 
La diputación es una administración y una herramienta de los ayuntamientos. La más indicada para atenderlos integralmente, escuchando ahora problemas de empleo y seguidamente de equipamientos, de dificultades de acceso a la cultura o de cobertura de telefonía móvil. Y busca, en sus recursos técnicos y financieros, la solución a todos ellos. Nuestro Plan Activa es una muestra de ello. Con él se concierta con cada ayuntamiento las obras necesarias pero también la dotación de personas o servicios que el municipio precisa. Igualmente se favorece un trabajo prospectivo, proponiendo adaptaciones y proyectos que se ejecutan en relación directa con los ayuntamientos. Escuchar y ser atendidos es más que una función política o administrativa. Alcaldes y alcaldesas sabemos que el equipo de gobierno de la diputación es «uno de nosotros». No hace falta explicar los problemas porque se conocen y se comprenden de antemano. Ha sido así siempre pero ahora, con los problemas de desempleo o de despoblamiento, su actuación es aún más necesaria. Y por ello, ampliamos la escucha, ampliamos los horizontes en los que los ayuntamientos reciben respuestas a sus demandas. Por ejemplo, generando planes y proyectos estratégicos que benefician a sus empresas, a sus jóvenes, a su sociedad, garantizando su futuro con ideas y planes sostenibles. Haciendo esto desde el territorio, no desde lejanos despachos, practicando realmente el enfoque de abajo-arriba. Un enfoque que, hoy en día, está aceptado en todo el mundo como el garante de la democracia participativa y del desarrollo sostenible.
También ampliamos las escuchas a las mancomunidades y a los grupos de acción local. Conocemos cómo está articulado el territorio y cómo aprovechar sus tejidos para aumentar la eficacia de nuestras actuaciones. Trabajamos con ellos con metodologías que nos permiten compartir la financiación y las responsabilidades, tal y como se ha hecho en el Geoparque o como ya está planteado para el futuro Parque Cultural de Sierra de Gata o para las Reservas de la Biosfera en Monfragüe o en Tajo Internacional. Las iniciativas de desarrollo llegarán a todas partes. Recientemente las hemos comenzado en la Sierra de Montánchez o en Tajo Salor, pero ninguna comarca quedará desasistida en términos de desarrollo, de futuro, de ilusión por una nueva provincia de Cáceres rediseñada. 
No tengo dudas acerca de que en nuestras ciudades, la Institución Cultural El Brocense, con sus complejos, museos y bibliotecas, forma parte de la vida cultural diaria. Las escuelas de arte y de danza, el conservatorio, los congresos y las exposiciones y los programas temáticos llenan la agenda de familias y de amantes de la cultura. La diputación, con la institución cultural al frente, está ahora lanzada al mundo rural con nuevos programas que promocionan la creatividad y la cultura crítica. La educación y la cultura forman parte indisoluble de la acción provincial para el desarrollo y una demanda natural de nuestros pueblos.
Ojalá que este trabajo callado y eficaz siga valiendo para defender y promocionar nuestros pueblos y cuidar nuestro paisaje. Ojalá que cuando se reanude el debate, se realice con todo el cariño, la sensibilidad y el respeto que nuestra provincia, tan rural, se merece.













