Artículo de Clara Jiménez Santos, Secretaria de igualdad del PSOE de la provincia de Cáceres.
Hay frases que, por mucho que se intenten matizar después, ya han cumplido su función: revelar el lugar desde el que se piensa. Decir que el feminismo que una defiende es compatible con el de Vox no es un desliz ni un problema de expresión. Es una declaración política y también intelectual.
El feminismo no es una identidad automática. No se nace feminista por el hecho de ser mujer, igual que no se nace demócrata por el hecho de votar. El feminismo exige estudio, exige escucha, exige comprender que la desigualdad no es una opinión, sino una estructura que atraviesa la vida de las mujeres. Es una corriente política y de pensamiento sólida, construida por generaciones que no improvisaron, que no confundieron el rigor con la oportunidad.
Por eso es importante decirlo con claridad. Basta leer el programa electoral de Vox para comprobar que su discurso es pura misoginia. No hace falta ninguna interpretación. Niegan la violencia estructural, cuestionan las leyes que protegen a las víctimas y convierten la igualdad en una caricatura. Llamar feminismo a eso no es redefinir, es vaciar de sentido una palabra que ha costado décadas llenar de contenido.
Todo esto ocurre, además, en el peor momento posible. Extremadura ha vivido en los últimos meses una sucesión insoportable de asesinatos machistas. No hablamos de debates abstractos. Son realidades que duelen, que atraviesan pueblos enteros, que obligan a la política a estar a la altura. El feminismo aquí es una responsabilidad democrática.
Mientras tanto, nuestra comunidad sigue atrapada en un bloqueo institucional innecesario, consecuencia directa de decisiones erráticas que han colocado a Extremadura en un escenario de incertidumbre que nadie reclamaba. En nuestros pueblos, alcaldes y alcaldesas seguimos resolviendo problemas reales, sosteniendo la vida cotidiana con responsabilidad y sin excusas. Frente a eso, la política convertida en ruido resulta difícil de justificar.
En este contexto, resulta especialmente revelador que la propia señora Guardiola afirme que no quiere recibir lecciones de feminismo del PSOE, el partido que más ha contribuido a convertir la igualdad en derechos reales. Porque no querer recibir lecciones no es fortaleza, sino todo lo contrario. Es renunciar al aprendizaje. Y renunciar a aprender, en política y en la vida, nunca ha sido un signo de inteligencia.
Y ahora, además, escuchamos que el PSOE debería abstenerse, facilitar el gobierno para corregir el bloqueo creado por el Partido Popular. Es un planteamiento que no resiste el menor análisis. Pretender que quien ha defendido con coherencia la igualdad y la estabilidad institucional tenga que rescatar a quien ha generado incertidumbre y ha normalizado discursos incompatibles con los derechos de las mujeres no es una solución: es un sinsentido.
Quien trivializa con el feminismo, quien lo moldea para que encaje en cualquier pacto, quien lo usa sin haber hecho el esfuerzo de comprenderlo, no lo está redefiniendo. Simplemente está demostrando que nunca lo entendió.
Y Extremadura merece, hoy más que nunca, menos máscaras y más responsabilidad.














