Artículo de Clara Jiménez Santos, Secretaria de igualdad del PSOE de la provincia de Cáceres.
Parece que para Isabel Díaz Ayuso las mujeres somos, además de ciudadanas de segunda, peregrinas de sus ocurrencias. Porque según ella, si queremos ejercer un derecho reconocido por ley, el aborto, basta con que “nos vayamos a otro lado”. Qué detalle. Qué modernidad. Todo muy práctico, la Comunidad se ahorra el debate y la mujer, de paso, hace un viaje.
La presidenta que se autoproclama adalid de la libertad tiene un curioso concepto de la palabra. Libertad para tomarte una caña, pero no para decidir sobre tu cuerpo. Libertad para objetar, pero no para garantizar derechos. Libertad, sí, pero sólo cuando conviene a su ideología.
Decirle a una mujer “vete a otro lado a abortar” es decirle que su vida vale menos que la de quien manda. Que su decisión molesta. Que su libertad tiene que esperar a la siguiente estación. Pero las mujeres no vamos a hacer trasbordo. No hay marcha atrás en los derechos que hemos conquistado con décadas de lucha, lágrimas y dignidad.
Su rechazo al registro de objetores de conciencia no es una defensa de nadie, es una maniobra más para obstaculizar un derecho conquistado. Y lo hace con ese desparpajo madrileño que tanto vende titulares, convirtiendo una obligación legal en una cruzada moral. Habla de “listas negras”, pero lo que realmente teme es una lista blanca, la de mujeres que, gracias a la ley, puedan elegir.
Decirle a una mujer “vete a otro lado a abortar” es decirle que su vida vale menos que la de quien manda. Que su decisión molesta. Que su libertad tiene que esperar a la siguiente estación. Pero las mujeres no vamos a hacer trasbordo. No hay marcha atrás en los derechos que hemos conquistado con décadas de lucha, lágrimas y dignidad.
Simone de Beauvoir ya lo advirtió: “bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres sean cuestionados”. Y aquí estamos, cumpliendo la profecía a base de titulares. Lo que ella no dijo, porque aún no conocía a Ayuso, es que algunas crisis no son políticas ni económicas, son de falta de decencia y de empatía.
La igualdad no se delega ni se negocia. Y aunque algunos o algunas sigan soñando con devolvernos al confesionario, seguiremos defendiendo hospitales públicos donde los derechos se ejerzan sin pedir permiso.
Porque no, señora Ayuso, no nos iremos “a otro lado”. Este lado, el de la igualdad y la justicia, es el nuestro. Y créame, estamos en el lado bueno de la historia.














