Hay muchas formas de avanzar en una democracia joven pero ya experimentada como la nuestra, una democracia que aprende de su pasado y pone la mirada en el futuro que nos toca construir comprometiéndonos con el bienestar de la ciudadanía.
Los partidos políticos tenemos, está meridianamente claro, diferencias en torno al cómo, pero no estamos tan lejos si hablamos de una España moderna, en la vanguardia del I+D+i, con una serie de talentos que nos hace referentes culturales y con un patrimonio humano y artístico, del que estamos orgullosos.
Por tanto, el gran dilema del cómo se relaciona, indefectiblemente, con la vertebración de un territorio único en su pluralidad, extraordinario en sus variantes y convencido de sus posibilidades productivas.
Por ello, una España fuerte no debe esquivarle a los retos que nos plantea una cohesión efectiva y eficaz para plasmar, en un modelo conjunto, nuestras señas de identidad dentro de una globalización que se resquebraja por momentos.
No voy a entrar en cuestiones de identidades nacionales porque cada una es libre de sentirse como pueda, quiera o le hayan enseñado a partir de costumbres y tradiciones. Pero sí es necesario recordar que la identidad para ser libre es defendida por el estado de derecho, y la cohesión para ser, juntas y juntos, un país competitivo, seguro y de progreso, es la única e insalvable cuestión que debemos ahondar para que el motor de España no se gripe.
Hay gente alrededor de nuestras fronteras que espera de nosotras respuestas convincentes para favorecer la cohesión supranacional, es decir la europea. Europa es nuestro argumento definitivo para creer en la igualdad entre los territorios, aunque respetemos y nos enorgullezcamos de esa pluralidad que conforma y alimenta lo que se llama España.
El reto demográfico no tiene demasiado secretos si trazamos grandes líneas: igualdad de oportunidades, modelos económicos sostenibles, generación de riqueza, mantenimiento de servicios y empleo de calidad claramente relacionado a una educación diferencial para ser aplicada en el territorio específico.
En consecuencia, construir ejes y afianzarlos en relaciones igualitarias entre territorios, es una cuestión pragmática. Todo tipo de secesión nos lleva principios del siglo XX en el que toda la riqueza generada fue pisoteada por la muerte de un continente que se destrozó en nombre de las fronteras. Como europeos y españoles, como catalanes y extremeños, debemos aprender de ello y luchar por un futuro en el que la cohesión sea la búsqueda definitiva de todas nuestras políticas.













