Artículo de Mireya Conejero, Secretaria de Política Sindical y Tercer Sector del PSOE de la provincia de Cáceres.
Vivimos tiempos difíciles. Basta con encender la televisión o mirar las redes sociales para ver un mundo sacudido por las guerras, el hambre, la falta de agua potable y la desesperación de millones de familias que se ven obligadas a huir de sus casas con lo puesto. En momentos tan convulsos, la ayuda humanitaria y la cooperación internacional no son un lujo ni un «gasto prescindible»: son el salvavidas de miles de personas vulnerables y el reflejo del alma de una sociedad.
Por eso, la noticia que nos llega desde la Junta de Extremadura es tan dolorosa como alarmante. El nuevo gobierno regional ha decidido meter la tijera de forma drástica en los presupuestos destinados a ayudar a los que menos tienen, dejando la partida de cooperación internacional en un raquítico 0,03% del presupuesto total. Una cifra que la Coordinadora Extremeña de ONGs (CONGDEX) ha calificado, con toda la razón, como «catastrófica».
El camino andado frente al frenazo actual
No hace mucho, las cosas se hacían de otra manera. Hubo un tiempo en el que, gracias a gobiernos socialistas que entendían la política desde la empatía global, Extremadura avanzaba con paso firme hacia el objetivo histórico del 0,7% del presupuesto anual para ayudas de desarrollo. Se aprobó incluso una Ley de Cooperación nacida del consenso político y ciudadano. Era el reflejo de una Extremadura orgullosa, solidaria y comprometida con los Derechos Humanos, que demostraba que un territorio humilde también puede tener un corazón gigante.
Sin embargo, las nuevas alianzas e intereses políticos de la derecha han venido a reventar de golpe este camino. Con una alarmante falta de sensibilidad, se ha decidido que la solidaridad sea la moneda de cambio. Reducir estos recursos significa, en la práctica, cerrar el grifo a proyectos que llevan médicos donde no los hay, construyen pozos de agua limpia, garantizan la educación de miles de niños y niñas o protegen a la infancia en mitad de conflictos bélicos.
La cooperación no es un regalo, es justicia y paz
A veces se escucha el discurso tramposo y egoísta de «primero los de aquí», una estrategia que busca enfrentar a los pueblos. Pero la realidad es otra: la cooperación internacional no es repartir limosna con el dinero sobrante. Es una inversión directa en la paz, la estabilidad mundial y los derechos humanos. Un mundo más justo y equilibrado es también un mundo más seguro para todos, incluidos nosotros.
Cuando la derecha recorta en cooperación, no solo desprotege a miles de personas vulnerables al otro lado de las fronteras; también empobrece los valores de Extremadura. Nos convierte en una región más cerrada, desapegada del dolor ajeno e insolidaria.
Las ONGs extremeñas ya han alzado la voz con un mensaje muy claro: las políticas sociales no se negocian. Es hora de que la ciudadanía también reaccione. Exijamos que se rectifique de inmediato este tijeretazo irresponsable. Defender la ayuda internacional es, sencillamente, defender la dignidad humana. Y Extremadura no merece dar la espalda al mundo.














