Eduardo Béjar: «Lo que no se gestiona, se quema»

Eduardo Béjar es Diputado en la Asamblea de Extremadura, Coordinador-Portavoz Agricultura y Ganadería y Portavoz Política Forestal.

En estos últimos meses hemos vivido una de las campañas de incendios forestales más duras de la historia reciente de Extremadura. Más de 50.000 hectáreas calcinadas, municipios evacuados o confinados, explotaciones agrícolas y ganaderas destruidas y una población entera que vuelve a revivir la angustia que ya sufrió en 2015 en Sierra de Gata, que no fue declarada por el gobierno de Mariano Rajoy como zona catastrófica, y en la que entonces no se escuchó al PP pedir responsabilidades al gobierno central, de hecho en la comisión de investigación que se creó en la Asamblea de Extremadura, ningún representante del gobierno se dignó a comparecer, ni de la delegación del gobierno ni de la Confederación Hidrográfica del Tajo. 

La Junta de Extremadura, bajo el gobierno del Partido Popular, se ha dotado de una Consejería de Gestión Forestal, por la que han pasado ya tres consejeros en dos años. Sin embargo, nunca se ha hecho menos gestión forestal que ahora. La paradoja es cruel: tienen un nombre rimbombante en el organigrama de la Junta de Extremadura, pero no tienen ejecución real, ni planificación suficiente, ni prevención dotada de recursos. Se ha convertido en un escaparate vacío, en una consejería de cartón piedra.

La Junta de Extremadura, bajo el gobierno del Partido Popular, se ha dotado de una Consejería de Gestión Forestal, por la que han pasado ya tres consejeros en dos años. Sin embargo, nunca se ha hecho menos gestión forestal que ahora. La paradoja es cruel: tienen un nombre rimbombante en el organigrama de la Junta de Extremadura, pero no tienen ejecución real, ni planificación suficiente, ni prevención dotada de recursos. Se ha convertido en un escaparate vacío, en una consejería de cartón piedra.

El PSOE lleva años defendiendo que la clave para evitar grandes incendios no está solo en apagar fuegos, sino en gestionar el monte. Eso significa ejecutar de verdad los Planes de Defensa de Zonas de Alto Riesgo, ayudar a los ayuntamientos a aprobar y mantener actualizados sus planes periurbanos, impulsar el pastoreo preventivo, reactivar proyectos como MOSAICO o RESINEX, invertir en silvicultura y reconocer el valor del trabajo de agricultores y ganaderos que mantienen vivo el territorio. 

Pero desde que el PP gobierna, los compromisos no pasan de anuncios, titulares y comparecencias sin dotación presupuestaria suficiente, se prioriza bajar los impuestos a los grandes patrimonios de la región, en lugar de en dotar y ejecutar un presupuesto suficiente para gestionar nuestros montes. O establecer políticas que amortigüen el cambio climático, ya que como decía Pepe Mujica, “la humanidad en su historia ha hecho muchos desastres sin saber, pero ahora lo hace sabiendo, a conciencia de su destrucción, ¿tendrá la humanidad tiempo o sucumbiremos en una especie de holocausto ecológico?, ¿o sucumbirá una parte importante de la humanidad por falta de decisión política en el mundo actual?.”

Desde que el PP gobierna, los compromisos no pasan de anuncios, titulares y comparecencias sin dotación presupuestaria suficiente, se prioriza bajar los impuestos a los grandes patrimonios de la región, en lugar de en dotar y ejecutar un presupuesto suficiente para gestionar nuestros montes.

En política forestal conviene recordar lo esencial: la extinción no sustituye a la prevención ni a la gestión forestal. Y lo que Extremadura necesita no son más fotos en verano con helicópteros sobrevolando las llamas, sino actuaciones constantes durante todo el año, que reduzcan el combustible en nuestros montes y que hagan menos probable que esas llamas se descontrolen.

Por eso es tan grave que se haya dejado en vía muerta la Estrategia Forestal Extremeña, integrada en la Estrategia de Economía Verde y Circular 2030. Ese documento, aprobado en la legislatura pasada, no era papel mojado: contenía líneas de acción claras para la bioeconomía forestal, la valorización de productos del monte, la formación de empleo verde y la resiliencia de nuestros bosques frente al cambio climático. ¿Qué ha hecho el actual gobierno del PP con esa Estrategia? Nada. Ni informes de ejecución, ni presupuestos específicos, ni participación ciudadana. En lugar de eso lo único que han anunciado es que no se pondrá en marcha el proyecto de una planta de primera transformación de la resina de pino en Gata, aprobada la pasada legislatura por el Gobierno de Guillermo Fernández Vara con un presupuesto de casi 3 millones de euros de fondos europeos.

Los incendios no se apagan solo con medios materiales. Se apagan con pueblos vivos, con ganaderos que pastorean en los cortafuegos, con agricultores que mantienen mosaicos de cultivos, con vecinos que sienten suyo el monte y lo defienden como parte de su identidad.

Los incendios no se apagan solo con medios materiales. Se apagan con pueblos vivos, con ganaderos que pastorean en los cortafuegos, con agricultores que mantienen mosaicos de cultivos, con vecinos que sienten suyo el monte y lo defienden como parte de su identidad. Ese es el modelo que funciona en los pinares de Burgos o de Soria, donde la gestión comunal ha demostrado ser una auténtica vacuna contra los grandes incendios. Ese es el modelo que Extremadura necesita: un territorio cuidado por quienes lo habitan, con apoyo decidido de la administración y con planificación estable, no con improvisación.

El Grupo Parlamentario Socialista ha presentado más de doscientas preguntas en la Asamblea para que la Junta rinda cuentas: ¿qué ha hecho con los proyectos heredados de la anterior legislatura? ¿qué pasa con los planes periurbanos? ¿qué dotación real se ha puesto en la prevención? ¿qué inversiones se destinan a la bioeconomía forestal? Y seguimos esperando respuestas. No basta con prometer, hay que ejecutar. No basta con culpar al gobierno central, cuando las competencias son autonómicas, o culpar al abandono rural, hay que tener una política forestal a la altura de los retos climáticos y demográficos.

La gestión forestal no es una materia secundaria. Es la base de la seguridad de nuestros pueblos, de la sostenibilidad de nuestra economía rural y del futuro de nuestra biodiversidad. El PSOE seguirá exigiendo que la Junta pase de las palabras a los hechos. Porque si algo nos han enseñado los incendios de Sierra de Gata en 2015 y los de Jarilla o el de Caminomorisco en 2025 es que, en Extremadura, lo que no se gestiona, se quema.

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