Es una noticia muy positiva el inicio de las obras del puente internacional de Cedillo, una infraestructura largamente esperada que unirá de nuevo Extremadura y Portugal, y que representa un paso decisivo en la vertebración del territorio y la cohesión transfronteriza.
Recordamos que este proyecto, reivindicado durante décadas por los municipios rayanos, ha sido posible gracias al trabajo conjunto entre las administraciones española y portuguesa, y a la perseverancia de los gobiernos socialistas que creen en la cooperación y la igualdad de oportunidades para el mundo rural. Es de justicia recordar que su construcción sufrió un retroceso claro con el gobierno del PP en la Junta y en la Diputación. En su día, desde el PP aseguraban que no tenía «sentido hacer un puente en mitad de la nada» cuando, a las claras era una venganza política».
En su día, desde el PP aseguraban que no tenía «sentido hacer un puente en mitad de la nada» cuando, a las claras era una venganza política.
Por suerte, todo eso es pasado. El puente de Cedillo no es solo una infraestructura; es una reparación histórica para un pueblo que ha sufrido durante años el aislamiento y la falta de conexión con el país vecino, sino que demuestra que la política útil, la que escucha y actúa, puede transformar la vida de la gente.
El proyecto, con una inversión de más de 19 millones de euros, contempla una estructura de 160 metros de longitud y 11,5 metros de ancho, diseñada para respetar el entorno natural del río Sever y cumplir con las máximas garantías ambientales.
Esta actuación forma parte de una visión más amplia de infraestructuras sostenibles y equilibradas, que no solo faciliten la movilidad, sino que impulsen el turismo, el comercio y las oportunidades de desarrollo en las comarcas fronterizas.
La Raya no puede ser una frontera del olvido, sino un eje de cooperación y progreso. Este puente es el mejor ejemplo de lo que significa construir futuro desde el diálogo y el entendimiento entre pueblos hermanos.














