El troll es un fenómeno al servicio de quienes no quieren dar la cara para desprestigiar a su adversario. Sucede en Extremadura. ¿Política de comunicación oficial? 
¿Los individuos ven y oyen sólo lo que se les dice y muestra?
¿O también lo que viven?
Hace unos días tuve la fortuna de asistir a una de esas charlas que te reconcilian con la política. Una conversación amable y honesta entre Guillermo Fernández Vara y las gentes de Cañamero, perseguidas y ninguneadas por el sectarismo redundante de la derecha regional, póngase el disfraz que se ponga.
Allí, Fernández Vara asumía, como siempre, la potestad de los errores –quizás con demasiada inclemencia- durante su gobierno en el que, entre otras cosas, Extremadura consiguió construir la segunda sanidad pública de España. Hoy, con Monago, es la penúltima. Es una de las diferencias.
¿A qué viene esto? A que una vez acabado el encuentro, comenté en mi twitter, más o menos lo que estoy diciendo ahora. En poco tiempo, uno de los pobres e imprudentes trolls* al servicio intelectual -¿remunerado con dinero público, quizás?- de la derecha, salió al cruce con una calumnia más. No lo bloqueé. Le contesté y le sugerí un juzgado. Se calló.
Mientras Monago se pavonea como presidente de los recortes, el paro y las mentiras sistemáticas, a la vez que incumple promesas y destroza infraestructuras, la comunicación tradicional y en red ha tomado otro rumbo. La tradicional cambió línea editorial por “ayudas” económicas. Con ello, permite que el marketing mediático sea constante y sistemático. Pero, y es interesante definirse, mentir sobre mentira no es marketing, no es hacerlo bien; lisa y llanamente es inmoral.
Desde que Monago llegó a la Junta con el apoyo de IU –me río cuando Cayo Lara o Alberto Garzón hablan de alternativa de izquierdas, mientras Eduardo Madina se devora a éste último en cada debate-, su puesta en escena es simple: tapar la realidad con titulares a sueldo pagados por la gente, los del IVA, los del canon del agua, los del copago farmacéutico.
Con respecto a twitter, cuando Monago fue pillado jugando al Doodle Jump, siguió el consejo de su Octavo Hombre y, sobreactuando como siempre, cerró su cuenta. No siendo suficiente tal hipocresía, afirma desde hace días, que la realidad no está en twitter, sino en la calle. ¿Se refiere a los desempleados sin protección social, a la Renta Básica que no paga, a las Becas que no llegan, a los hospitales desabastecidos? Porque esa es la realidad de su gobierno y twitter también sirve para denunciarla y escuchar a la gente.
Le ordenaron, pues, blasfemar falsamente sobre el cadáver de su twitter, pero lo cierto es que una de las novedades que, en materia de ¿comunicación?, además de pagar estómagos amorales, fue la, oh casualidad, masiva irrupción de los troll, no la mítica raza antropomórfica escandinava [que se escribe trol], sino los imbéciles y cobardes ¿a sueldo público? que injurian y calumnian a los que no defienden sus postulados.
Es una banda, según ha trascendido desde el riñón de los doblemoralistas, a cargo de un par de personas, tan cercanas a…que daría vergüenza ajena saber en qué, si fuese cierto, se gastan el dinero de los extremeños.
En momentos donde la regeneración democrática debe ser total y absoluta, suponer que la formación de opinión pública ha de darse a partir de la gestación de personajuchos ocultos que no dan la cara, ni el nombre ni el apellido, es un error y una inmoralidad más.
Particularmente, intento reconocerlos e identificarlos como una herramienta más de los intereses del gobierno de la derecha. Con esto digo que le son, consciente o inconscientemente, afines a su causa porque el objetivo de la crítica recae en un solo partido, en una sola persona.
En conclusión, si un partido, si un gobierno, a sus relaciones con la Gürtel en España entera y por tanto en Extremadura, con economía en B, sobresueldos, opacidad y cipayismo al poder comprometido con la alegalidad, le sumamos este ejército de imbéciles ¿a sueldo?, volvemos a reconocer que en su forma de entender la democracia, reside mientras estén, ni más ni menos, nuestra condena y el problema mismo. Es el nivel. Les queda poco en el gobierno.
*Un troll de Internet se dedica a sembrar discordia y calumnias sobre alguien si persigue un interés concreto.















