Emilia Almodóvar es Diputada del PSOE en el Congreso por la provincia de Cáceres.
El macramé es una técnica artesanal basada en anudar hilos o cuerdas para crear piezas decorativas o útiles: tapices, cortinas, redes.
Pues bien, esta técnica ancestral parece haberse convertido en la nueva bandera política del PP extremeño, que ha perfeccionado el arte del “macramé político”. Una metodología que, igual que en el macramé tradicional, se basa en construir relaciones, alianzas y estructuras mediante nudos estratégicos, donde cada hilo tiene su propósito y cada movimiento responde a un patrón premeditado.
Desde la cúspide del Partido Popular, entre Feijóo y Madrid, María Guardiola mueve los hilos con la intención de entretejer los frágiles cordones de la política regional. Su objetivo: fabricar redes de poder y estructuras que siempre acaben favoreciéndola, adornadas con apariencia de sutileza, paciencia y artesanía.
Sin embargo, sus propias palabras —a menudo desmentidas por sus actos y por sus contradicciones públicas— han ido amasando incertidumbre entre los extremeños. Su brújula política cambia según la conversación matinal o según el escenario donde coincida con sus líderes nacionales.
El espejo donde se mira está en Madrid. Como si tuviera un papel de calco, reproduce en Extremadura las políticas marcadas por Ayuso, sin reflexión, sin adaptación y sin medir el impacto en una tierra con realidades profundamente distintas.
Lo más preocupante es que desempeña esta labor sin herramientas adecuadas. No usa cinta métrica para evaluar la repercusión de sus políticas en el territorio. No emplea peine fino para evitar que sus recortes dañen a más de la mitad de la población. Eso sí: utiliza las tijeras con precisión cuando se trata de ocultar los hilos sueltos.
Accesorios no le faltan: una rebaja fiscal que beneficia a los poderosos, encajes legislativos para favorecer a las grandes eléctricas, agujas para coser el cierre de guarderías públicas o para paralizar el transporte escolar en las zonas rurales. Y mientras oculta los efectos de sus decisiones, la calidad educativa se deteriora sin que ella levante la vista del tapiz.
Ha anudado tanto, y tan mal, que tuvo que recurrir a “expertos” para apagar el fuego —literal y figurado— cuando los apagones eléctricos y los incendios forestales superaron por completo su capacidad de gestión.
Así, entre hilos azules, azul verdoso y verde, María teje obediente bajo las órdenes de Feijóo, cumpliendo el mandato de pactar con Vox e incorporar sus líneas rojas a cambio de sostener su proyecto político.
Un macramé construido con prisa y ansiedad, cuyos nudos, lejos de unir, asfixian a Extremadura.
Y, aun así, de vez en cuando se escapa un hilo rebelde.
Un hilo suelto que ni ella misma consigue ocultar: cuando menosprecia los efectos del cambio climático en una región golpeada por incendios, sequías e inundaciones, ignorando la rabia y el sufrimiento de quienes lo han perdido todo.
Como si el destino quisiera tensar más las cuerdas, su obra se encamina a un punto crítico: una presidenta tan complaciente con su líder nacional que termina precipitando a Extremadura hacia elecciones anticipadas que ni se atreve a defender en un debate público.
Unas elecciones convertidas en el termómetro político del PP a nivel nacional, a costa de nuestra estabilidad.
Todo ello nos conduce a una situación que para los extremeños equivale a una parada cardiaca institucional: una sacudida política y económica que incrementa la incertidumbre y agrava los problemas de todos y todas.
El error de María no ha sido solo enredarse en los nudos del macramé; ha sido elegir mal los hilos, mirar demasiado hacia el espejo de Madrid y muy poco hacia la tierra a la que debía servir.
¿Se habrá equivocado María? Tal vez no en la técnica, pero sí —y de manera evidente— en los hilos con los que ha intentado tejer el destino de Extremadura. Hilos que no responden al interés de su gente.













