Guillermo Fernández Vara: «Adelante Extremadura» 💚🤍🖤

Artículo del Presidente de la Junta de Extremadura publicado por el Diario Hoy este martes 8 de septiembre.

Estamos en el segundo año de la pandemia de la covid-19. Desde aquí, una vez, más mi emocionado recuerdo hacia los que se fueron y dejaron en nuestras casas y en nuestras vidas un hueco imposible de llenar. Hemos alcanzado unas cotas altísimas de vacunación impensables hace un año y ha sido gracias al esfuerzo de los profesionales sanitarios. Encaramos con esperanza un nuevo curso educativo y social en el que a buen seguro todos estarán a la altura, como lo han estado siempre.

Hace unos días ardieron las instalaciones que la Central Hortofrutícola ‘El Escobar’ tiene, y tendrá, en las proximidades de Mérida. Hay dos imágenes que no olvidaré nunca. Una: la de los trabajadores evacuados viendo la fábrica arder desde unos de los puentes que cruzan la autovía y la otra: la de Natalio, el gerente, al que el mundo se le había venido de golpe encima. Le dije que lo más importante no había ardido. Que todo lo demás se repone y se repondrá. Había sobrevivido lo más importante: la empresa y sus trabajadores.

Sobre esto me gustaría reflexionar en este Día de Extremadura.

Durante muchos años en esta querida tierra nuestra hubo que construir casi todo. Lo más visible, las infraestructuras. Están pendientes aún algunas de ellas, como el tren. Una vez que el trazado a su paso por Extremadura está muy avanzado, esperamos que sea una realidad muy pronto y se salde para siempre la deuda que España tiene con nosotros.

Pero hay otras más intangibles que son la verdadera clave del presente y la llave de nuestro futuro.

Por un lado, el tejido empresarial en manos de una generación muy bien preparada Y, por otro, los trabajadores y trabajadoras que a través de la formación profesional, hoy con el doble de alumnos que hace 20 años, y de la Universidad de Extremadura constituyen sin género de dudas la gran esperanza de Extremadura.

Esos son hoy nuestros principales retos: más y mejores empresas que hagan crecer a su alrededor el emprendimiento y además hagan viables los pequeños negocios y el inmenso trabajo de los autónomos. Y más y mejor formación, con un especial énfasis en la Formación Profesional y en la respuesta que nuestra Universidad debe dar a la sociedad a la que debe servir. Entre otras razones, porque el mercado laboral extremeño ya no es capaz de dar respuesta a las necesidades de trabajadores en algunos sectores.

Estamos ante la mejor oportunidad de nuestra historia reciente. Hace dos semanas el Observatorio Regional de una de las grandes instituciones financieras avanzaba que Extremadura será la región en la que más crezca el PIB en el trienio 2019-2022. Si asumimos que eso no se lo puede ni se lo debe apuntar nadie que no sean las empresas y sus trabajadores, probablemente entenderemos por qué no debemos perder tiempo en debates estériles.

La mejor manera de luchar contra la despoblación y de actuar en el inmenso reto demográfico que tenemos por delante son empleos dignos y viviendas dignas para los ciudadanos. No nos engañemos, todo lo demás serán esfuerzos inútiles. Para que una persona se planteé llevar a cabo un proyecto de vida y de familia precisa de un empleo digno y de un hogar.

Se trata pues de lograr más y nuevos empleos y que estos sean de la mayor calidad posible, además de posibilitar desarrollos de suelo que permitan viviendas asequibles para que nadie tenga que destinar más de un treinta por ciento de sus ingresos a pagarla.

Extremadura llegó 150 años tarde a la revolución industrial. ¿No les parece ilusionante que a esta nueva revolución verde, digital, sostenible y justa podamos llegar de los primeros?

Los tres primeros proyectos industriales que se han puesto encima de la mesa en este año: las fábricas de cátodos y celdas de baterías, la de semiconductores a partir de diamantes sintéticos o la de guantes de nitrilo se está planteando aquí con nosotros, por nosotros y entre nosotros.

Y otros muchos. No sé si saldrán todos, pero estamos aprendiendo una cosa fundamental. Que ya no somos menos que nadie. Que nos podemos sentar a las mesas donde se toman las grandes decisiones de inversión y ofrecer lo que tenemos con orgullo, sabiendo que podemos competir y ganar. Porque tenemos suelo, sol, agua, leyes de simplificación administrativa que nos sitúan a la vanguardia en nuestro país, dialogo social, estabilidad política, seguridad ciudadana, mejor conectividad y comunicaciones, especialmente para mercancías a partir del año que viene.

La política social es la base de la convivencia. Que todo el mundo pueda tener cubiertas sus necesidades básicas y un futuro, aunque su familia no lo pueda comprar. Para eso hacen falta recursos presupuestarios. Para eso hacen falta ingresos y para que haya ingresos es necesario que a las empresas y a los trabajadores les vaya bien. Ese círculo virtuoso que constituye la justicia social y la prosperidad compartida.

Las sociedades más justas no son aquellas en las que solamente se tienen más derechos, sino las que son capaces de conciliar los derechos con las obligaciones que hagan que los primeros sean perdurables.

España no puede ser solo una bandera y una ventanilla donde se va a pedir. España se construye desde todas partes, también desde Extremadura. Si cada uno miramos solamente a nuestro ombligo perderemos todas las perspectivas. Y un país necesita ser visto con todos sus matices y sus perspectivas.

Desde aquí, desde nuestra región seguiremos proyectando todo lo que significa Europa y todo lo que representa América Latina. Nuestra querida Guadalupe es la ciudad más europea de América Latina y la ciudad más americana de Europa y por ello la Fundación Academia Europea de Yuste y el Centro Extremeño de Cooperación con Iberoamérica se dieron la mano, porque unos y otros nos necesitamos para crear espacios de diálogo compartido.

Extremadura es una región comprometida y solidaria que muestra siempre su compromiso con el Derecho Internacional de asilo y con la necesidad de colaborar con el Estado es situaciones humanitarias complejas.

Por ello, fuimos de los primeros en contactar con el gobierno de España para ofrecer todos los recursos de acogida que fueran necesarios y que la región tuviera en disposición para garantizar una correcta acogida de posibles personas refugiadas afganas que hoy están ya entre nosotros.

No quiero dejar pasar esta oportunidad sin hacer una reflexión sobre los Fondos Europeos extraordinarios que van a llegar, sobre la nueva reforma de la PAC y sobre el precio de la energía.

Sobre los primeros, son muy importantes, pero no nos engañemos, lo realmente importante es lo que sean capaces de movilizar. Y no lo digo solamente en inversión privada, que también. Fundamentalmente en catarsis colectiva. Me refiero a la emocional. Soltemos los lastres que nos atan a nuestro pasado. El lamento debe dejar paso al convencimiento de que nunca nos vimos ante una oportunidad igual.

La nueva propuesta de la Política Agraria Común consensuada en la Conferencia Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural es buen un acuerdo para Extremadura, un acuerdo que ha sido posible gracias a un objetivo común de lograr una PAC justa para el campo pero sobre todo que fuera una PAC adaptada a la sociedad del siglo XXI.

Esta nueva reforma de la PAC permitirá que entre un 75 y un 80 por ciento de los perceptores extremeños puedan cobrar más a partir de la solicitud única de 2023, lo que supone un dato más ventajoso que el de la reforma anterior.

Respecto al precio de la energía, Europa y España deben arbitrar medidas frente al castigo que están sufriendo ciudadanos y negocios, pero serán coyunturales. Las definitivas son dotarnos de fuentes de energía más baratas que sustituyan con el tiempo a las más caras, que sean sostenibles y gestionables, que los ciudadanos paguemos en nuestro recibo la energía que consumimos pero no más cosas, y que con el autoconsumo se nos sitúe en el centro del sistema. Y eso se llama Plan Integrado de Energía y Clima.

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