Irene Pozas García es Secretaria General de las Juventudes Socialistas del PSOE de la provincia de Cáceres.
Esta semana hemos podido ver a numerosas asociaciones, amigas, compañeras e incluso a las instituciones, hablar de la importancia de reivindicar el 8 de marzo. Algunas con un discurso banal e incluso superficial y otras con un trabajo muy elaborado, que ponen el foco en las mujeres que han levantado este país, en silencio, sin nunca recibir nada a cambio; pongo como ejemplo el trabajo que ha llevado a cabo la Diputación de Cáceres. Este pone el foco en las mujeres rurales, un trabajo precioso, amable, cuidado y sobre todo reivindicativo con nuestras referentes.
Pero en todo esto, el gran fallo del 8 de marzo es que las voces institucionales han acallado a las voces de la calle. Lo institucional frente a lo reivindicativo. Ya no se grita, solo se aplaude.
El gran fallo del 8 de marzo es que las voces institucionales han acallado a las voces de la calle. Lo institucional frente a lo reivindicativo. Ya no se grita, solo se aplaude.
Tenemos que desinstitucionalizar el 8M, tiene que volver a la calle, a lo espontáneo, a las mujeres, a las mujeres jóvenes que un día tomaron el valor de una sociedad en la que no tenían cabida, ni como mujeres ni como jóvenes, y llenaron las calles; hablo de la joven Carmen de Burgos, escritora, de las primeras mujeres en atreverse a romper con el yugo del matrimonio y abandonar a su marido, en escribir para gritar por los derechos de las mujeres; hablo de la joven Isabel Oyarzábal, actriz y periodista y primera mujer española en ocupar el cargo de embajadora de la República; hablo de la joven Matilde Huici, abogada y sufragista, que fue una de las primeras mujeres que, junto a Victoria Kent y Clara Campoamor, formó parte del Colegio de Abogados de Madrid; hablo de la joven Margarita Nelken, escritora, crítica y política, quien luchó en favor de la infancia e impulsó la fundación de un centro de conciliación para las mujeres con hijas e hijos.
En definitiva, hablo de mujeres jóvenes como Carmen, Martina, Blanca, Pilar, Julia, Adelina, Elena, Virtudes, Ana, Joaquina, Dionisia, Victoria o Luisa, Las Trece Rosas, que pagaron con su vida la defensa de la libertad.
Por eso creo que deberíamos volver a los orígenes, a la calle, a la reivindicación, a la lucha y dejar para los otros 364 días los premios, las declaraciones institucionales y los aplausos.
Que sus nombres no se borren de la historia, mujeres, mujeres jóvenes, ¡volvamos a la calle, tomemos lo que levantamos, tomemos lo que construyeron las mujeres de nuestros pueblos y recuperemos la agenda feminista!













