Irene Pozas García es Portavoz, Secretaria de Educación y nuevos Derechos de la Comisión Ejecutiva Provincial.
O lo que es lo mismo, el chiringuito de la derecha en Extremadura para “blanquear” el expolio, el exterminio, las violaciones y el saqueo que se hicieron en América en nombre de Dios y de España.
Esta medida, que no es nueva, fue anunciada al inicio de la legislatura del Gobierno PP-VOX en el debate de investidura en el que la representante del mismo contó aquello que quería hacer en sus años de desgobierno. Ahora que, tras dos años y pico, nos hemos visto inmersos en unas elecciones por capricho, que han tirado a la basura 7 millones de euros de dinero público y que hemos visto la desautorización de la que se supone que es la máxima representante de Extremadura desde la dirección nacional del partido que ostenta, observamos ojipláticas cómo saca de su arsenal todo aquello que pueda convencer a la extrema derecha, dispuesta a vender su alma y a negociar a cualquier coste, porque como nos ha demostrado su mantra es: “Estos son mis principios, pero si no los quieres tengo otros.” Un mundo inventado en el que ahora se nos vende la imagen de conquistadora y en el que nuestra llegada a América se vende como algo de lo que sentirnos orgullosos. Lo podemos observar en el documento que vertebra la asignatura (modificación del Decreto 110/2022) publicado el 3 de marzo en el que se refiere a “pueblos cohabitados” en vez de invadidos, o habla de “intercambio de culturas con las mujeres indígenas de las que surge el mestizaje” en vez de violaciones.
Pues son realmente otras cosas las que tejen la bandera de orgullo de nuestra tierra. Muchos de nosotros, los jóvenes, así lo demostramos, peleando por quedarnos aquí y creyendo que un proyecto de vida es posible, a pesar del desgobierno. Extremadura es un lugar para perderse, un lugar de agua, de historia, de conexión con la naturaleza, de gente buena y humilde, así lo he vivenciado cada vez que he tenido que empezar un nuevo proyecto laboral en cualquiera de los pueblos de la región: desde el Campo Arañuelo hasta la Comarca de Olivenza. La gente te cuida, te acoge con los brazos abiertos, las vecinas te enseñan, te hablan, te cuentan historias, muchas, aquellas que algunos quieren borrar. Somos una tierra llena de luchadoras, trabajadoras, una tierra que ha peleado por dignificar el trabajo del campo y que en varias ocasiones nos ha costado la vida, como en aquel agosto del 36. Somos una tierra “de bellota”, pero no por gusto, sino porque peleamos para sobrevivir, como bien demostramos un 25 de marzo a pesar de los castigos de los señoritos. Somos una tierra que resurgió como ave fénix de la hambruna del franquismo y de la más absoluta pobreza.
Ahora que la realidad nos supera con locos de atar dispuestos a desbaratar el mundo a fuerza de bombas ¿Imagináis que dentro de unos años hablásemos del descubrimiento de Gaza y no de masacre y genocidio? ¿hablarán los libros del futuro de la colonización de Irán y no de guerra sucia? ¿Ucrania ha sido cristianizada y no invadida? No son los conquistadores que erigimos en estatuas ecuestres nuestra mejor referencia, solo hay que leer qué piensan en esas tierras conquistadas y cómo reaccionan a la invasión-masacre-genocidio que causamos en siglos pasados buscando tierras riquezas y recursos, igual que Trump, Putin y Netanyahu.
Por eso mi generación, esta generación que no comparte esa lectura hecha falacia de Extremadura, somos una generación orgullosa de la historia real. Yo, que como muchas y muchos me siento tan orgullosa de ser extremeña que a veces ese orgullo no me cabe en el pecho, orgullosa de la gente que peleó para que esto no siguiera siendo una tierra feudal, para que fuera de todas y todos.
Somos la tierra que acoge dos de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad: Cáceres y Mérida, de lugares como Llerena, Guadalupe, Hervás, Trujillo, Olivenza o Jerez de los Caballeros; somos la tierra del Parque Nacional de Monfragüe, reserva de la biosfera, del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, de los tres valles: Ambroz, Jerte y La Vera, del parque Natural de Cornalvo; somos la tierra de María Telo, Dulce Chacón, Fermín Solís, Helga de Alvear, Javier Cercas, Carolina Coronado, Luis Landero, Matilde Landa, Guadalupe Sabio, Carolina Yuste, Luis Pastor, Margarita Nelken, Guillermo Fernández Vara, Manuel García Matos, Ángela Capdevielle, Ada Salas, Inés Suárez, Eugenio Frutos, Robe Iniesta, Alberto Amarilla, Clara Alvarado, Jose Manuel Calderón,… de tanta, tantísima gente que como diría Rosalía si viniera pa la tierra:
“Y un continente no cabe en mi Extremadura
Pero Extremadura cabe en mi pecho
Y mi pecho ocupa su amor
Y en su amor me quiero perder”
Tanto de lo que hablar, tantas cosas que contar de Extremadura, de sus espacios, de sus revoluciones, de las personas que han hecho esta tierra, aunque a algunos/as les pese, que yo me pregunto:
¿De quién es la idea de ese ridículo nombre que parece sacado para hacer un podcast de purpurina? ¿Qué es este intento de venta de un producto maquillado para jóvenes en el que no se quiere contar lo que pasó? Es pa’ hacérselo mirar.
Ahora que se empieza marzo no dejemos de hablar las mujeres que levantaron esta tierra, esa historia de la que no te hablan en los libros: el de las labriegas, las labradoras, las hilanderas, las laneras, las bordadoras y las lavandera. Ahora que este mes nos baña no dejemos de hablar de lo que pasó un 25 de marzo en nuestra tierra, el día que debería ser de Extremadura.
En definitiva, no dejemos de hablar, que como dice mi vecina Vicenta; “Hablando se entiende la gente. Hablando uno no olvida.»














