Irene Pozas García es Secretaria General de las Juventudes Socialistas del PSOE de la provincia de Cáceres y Portavoz de la Comisión Ejecutiva provincial del PSOE.
Cuando hablamos del papel que jugaron las mujeres en la lucha contra el franquismo quizás es difícil, puesto que visibiliza a aquellos silenciados, denunciar cómo la recuperación del relato histórico tiene una visión androcéntrica y sesgada desde el punto de vista del género. En ese relato se ofrece una imagen estereotipada y una visión que nos invisibiliza. No aparecemos, como si no hubiéramos sufrido el yugo franquista, como si no hubiésemos peleado, como si nunca hubiésemos volado antes de que ellos llegaran.
Hoy día es difícil ver publicados estudios o investigaciones, que tengan relevancia política o institucional, sobre la lucha contra el franquismo y la represión con perspectiva de género. Existen, pero no se reconocen lo suficiente. Y era aún más difícil hace unos años. Por eso hay que poner de manifiesto que ya no, ya no es difícil, si no se cuenta con nosotras, si no se habla de nosotras, es porque no interesa. Es importante recuperar las experiencias de las mujeres del pasado e integrarlas y equilibrarlas en el relato. Hemos de ser capaces de construir una genealogía femenina.
Numerosos son los estudios y trabajos que han salido a la luz sobre mujeres en los años de dictadura, y muchos más aquellos dirigidos por mujeres. Y eso que es tedioso escarbar en los destrozos de una dictadura que hizo añicos los sueños de libertad de una sociedad que en aquellos años de la República nos consideró algo más que accesorios. En aquellos años de luz, de estudio, de cambio, fuimos un país pionero.
Por eso hay que poner de manifiesto que ya no, ya no es difícil, si no se cuenta con nosotras, si no se habla de nosotras, es porque no interesa. Es importante recuperar las experiencias de las mujeres del pasado e integrarlas y equilibrarlas en el relato. Hemos de ser capaces de construir una genealogía femenina.
En esa España que desconocemos quiero contaros un pedacito de historia, algo sobre la Residencia Universitaria de Mujeres que surgió en Madrid y a la que fueron a parar mujeres de todas partes de España. La Residencia fue una apuesta que hizo el Ministerio de Instrucción Pública en los años de la República. María de Maeztu dirigió la residencia que se convirtió en ese cuartito propio compartido para las mujeres de las provincias de nuestro territorio que querían estudiar, entre ellas la maestra Francisca Mateos Rodríguez natural de Serradilla. Fue una institución dirigida por mujeres que creía que existía otra forma de hacer las cosas, que aguantaron los paternalismos de los hombres y familiares de las mujeres que allí se alojaban (todo ello se sabe por la correspondencia recuperada de la Residencia), y que sufrieron un trato mucho más severo, en cuanto a salidas y compromisos de estudio que la Residencia Masculina situada a tan solo unas calles de distancia. Curiosamente, ese lugar fue el crisol del que nació más tarde el Lyceum Club Femenino. Después del estallido de la guerra, todas las residencias de estudiantes pasaron a manos de los falangistas hasta la muerte de Franco.
Pero… ¿por qué te cuento esto?
Pues querida amiga, amigo, compañera de lucha y compañero de batallas, porque más allá de las cartas que se encontraron, no muchas, de algunas fotos recuperadas y de los testimonios de las mujeres que se alojaron en la Residencia y el Lyceum Club; no tenemos nada. Nadie se preocupó por recuperar esa memoria, hasta que una estudiante de la Universidad Complutense, Alicia Moreno, encontró el archivo intacto de la antigua Residencia, por casualidad. ella se alojaba en el actual Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús, la triste herencia de la mujer que lo dirigió durante la dictadura, una amiga íntima falangista de Pilar Primo de Rivera.
El edificio fue olvidándose con el tiempo hasta desaparecer, fragmentándose en la memoria, abandonada en la historia. Si no fuera por el trabajo de investigadoras e investigadores ese trozo de historia se habría volatilizado como si le hubiese caído una bomba encima.
Pero, ¿a qué no adivinan que no se perdió? Bienaventuradas y aventurados aquellos con las gafas violeta. Efectivamente, la Residencia en la colina de los Chopos (Residencia Masculina) sigue intacta, con sus pasillos y habitaciones, recuperada y conservada para albergar la memoria.
Este es un ejemplo claro de cómo el silencio impuesto por la dictadura franquista vertió sus garras en la historia de las mujeres, rasgándola, destruyéndola y sobre todo, silenciándola.
Os dejo una recomendación para este mes:
- Un podcast: De eso no se habla – de Isabel Cadenas Cañón
- Un libro: Muros de silencio de Isabel Serrano Durán













