Joaquín Cuello Martínez-Pereda es Secretario de Memoria Democrática, Migraciones y Cooperación Internacional del PSOE de la provincia de Cáceres.
“Esto de que la Nelken opine en cosas de política me saca de quicio. Es la indiscreción en persona. Se ha pasado la vida escribiendo sobre pintura, y nunca me pude imaginar que tuviese ambiciones políticas”.
Esta es la lindeza misógina que le dedicó en 1932 el mismísimo Manuel Azaña a Margarita Nelken Mansberger por una única razón: la de ser una mujer excepcional.
Margarita Nelken nació en Madrid en 1894 en el seno de una familia de ascendencia judía, de padre de origen alemán y de madre de origen francés, que gozó de una suficiencia económica como para permitirse enviarla a París de cara a ampliar sus estudios en pintura, disciplina en la que destacó prematuramente y que tuvo que abandonar como consecuencia de un problema ocular.
Tras condicionante tan trágico, se consolidó como crítica de arte escribiendo e impartiendo conferencias a lo largo y ancho del continente gracias, entre otras habilidades, a su dominio de varios idiomas.
Prácticamente desde el principio compaginó esa sensibilidad artística elevada a profesión con el compromiso político en su vertiente feminista. Así, analizaría la situación de la mujer en cuestiones tan actuales como la brecha de género, con lo que se adelantó a su tiempo también en el terreno político, ya que en el personal lo haría, entre otras cosas, por ser madre monoparental en la prejuiciosa España de principios de siglo XX.
Nelken llegaría a ser elegida diputada por la circunscripción de Badajoz debido a su especial toma de conciencia con la situación del campesinado extremeño, lo que se repetiría en las dos legislaturas republicanas restantes, convirtiéndose de esa forma en la única diputada que lo fue en los tres periodos consecutivos, siempre por la misma provincia y siempre incrementando el número de votos obtenidos.
Más tarde, y tras acentuar ese activismo, llegaría a ser elegida diputada por la circunscripción de Badajoz debido a su especial toma de conciencia con la situación del campesinado extremeño, lo que se repetiría en las dos legislaturas republicanas restantes, convirtiéndose de esa forma en la única diputada que lo fue en los tres periodos consecutivos, siempre por la misma provincia y siempre incrementando el número de votos obtenidos.
Como parlamentaria reivindicó la situación del trabajo en el campo y la necesidad de articular ayudas en favor de los sectores más desfavorecidos, algo que en el contexto marcado por la Revolución minera en Asturias le costó durante su segunda legislatura el primero de los exilios que tuvo que sufrir.
Tras volver del mismo para ser diputada por tercera vez, el estallido de la Guerra Civil y su firme compromiso con el mensaje que siempre defendió la llevaron a participar activamente en varios Frentes durante el conflicto, cuyo fin se saldaría con su segundo y último exilio, falleciendo en México en 1968.
Pese a tan insigne legado desde la óptica democrática, la capital pacense, de la mano de un alcalde del Partido Popular, tuvo a bien borrar del callejero su nombre, y todo ello sin sonrojarse y sin necesidad de VOX, decisión que valida hoy el actual gobierno municipal, cómplice por no corregir semejante error. Así, parecen cobrar tristemente más sentido, si cabe, las palabras que Federica Montseny le dedicó:
“La Margarita Nelken crítico de arte, la Margarita Nelken periodista, la Margarita Nelken en cualquier terreno era un valor realmente excepcional, en todos los tiempos y todas las situaciones. Quizá por eso, porque fue una mujer excepcional, el silencio ha caído sobre ella como una pesadísima losa”.













