José Ramón Bello: «Laissez faire»

Extremadura necesita ante los retos futuros un liderazgo que lejos de parapetarse «conozca el camino, ande el camino y muestre el camino».

Los fisiócratas franceses del siglo XVIII acuñaron la expresión ‘laissez faire, laissez passer’ como una cínica doctrina económica orientada a evitar cualquier intervención de los gobiernos en los aspectos económicos, amparando el libre despido o la eliminación de cualquier impuesto. Un mantra que numerosos conservadores, de manera clara u opaca, han hecho propio.

El gobierno del PP nos ha ido mostrando ejemplos de su hoja de ruta: una injusta política fiscal que reduce los impuestos a una minoría privilegiada en perjuicio de las clases medias y trabajadoras. Decisiones contrarias a la equidad como la eliminación de la gratuidad de comedores escolares y aulas matinales. Disparidad en la financiación de las residencias de mayores favoreciendo los centros privados frente a los públicos.

Las principales escuelas filosóficas que han estudiado las teorías del liderazgo político alertan sobre los riesgos de sus carencias. La falta de dirección genera bajo rendimiento en los equipos de trabajo, problemas de colaboración, desmotivación de trabajadores, descrédito ciudadano, ambigüedad en la asunción de responsabilidades y una peligrosa inercia que aumenta las desigualdades.

La señora Guardiola, a la vista de los acontecimientos, parece optar por el «dejar hacer, dejar pasar» como principio de su toma de decisiones. El discreto papel ejercido durante los grandes problemas que han aquejado a nuestra región ha sido palpable. Extremadura se ha enfrentado a un verano tremendamente complicado con 18 grandes incendios con más de 50.000 hectáreas arrasadas. Las consecuencias ambientales unidas a las pérdidas para la agricultura, la ganadería y el sector turístico no han recibido la respuesta esperada de un gobierno eficaz generando un descontento mayúsculo. Las ayudas publicadas conforme han denunciado la práctica totalidad de organizaciones de afectados, son insuficientes, improvisadas e injustas.

A este panorama se une el caótico inicio de curso escolar donde más de 7.000 niños y niñas, en su mayoría residentes en zonas rurales, no pudieron comenzar las clases ante el desencuentro entre la Junta de Extremadura y las empresas de transporte escolar. Un auténtico desvarío donde a las denuncias, se unieron ocurrencias como el pago del kilometraje para que los padres asumieran el problema o la opción, sin contar con los profesores, de ofertar las clases online para las familias afectadas. Todo ello en una región donde los docentes, tensionados por las contrataciones, han anunciado una huelga inminente.

Extremadura necesita ante los problemas, contingencias y retos futuros un liderazgo que lejos de parapetarse «conozca el camino, ande el camino y muestre el camino» trabajando desde la humildad, la escucha, el diálogo y el respeto en por y para Extremadura, la tierra que nos une.

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