Retomamos La Columna de Álvaro, esta vez con un homenaje a la figura de la militancia en el ejemplo del trabajo de José María Vergeles.
Hay compañeros y compañeras que dejan su ejemplo mucho más allá de la responsabilidad institucional que ocuparon. Personas que, con el paso del tiempo, terminan representando una manera concreta de entender la política, el compromiso y la militancia. Uno de esos compañeros es José María Vergeles.
Quienes llevamos años recorriendo agrupaciones, pueblos y ciudades sabemos perfectamente que un proyecto político nunca se sostiene solo sobre cargos. Se sostiene sobre personas, sobre trayectorias y sobre compañeros y compañeras que estuvieron cuando era difícil, cuando había que dar la cara, cuando había que tomar decisiones complejas o simplemente estar cerca de la gente.
La militancia socialista no empieza ni termina en una responsabilidad pública. No depende de un despacho, de una candidatura o de una etapa concreta. La militancia verdadera permanece. Se expresa desde una alcaldía, desde un hospital, desde una escuela, desde una agrupación local o desde cualquier profesión donde alguien siga defendiendo los valores de igualdad, justicia social y servicio público.
Un proyecto político nunca se sostiene solo sobre cargos. Se sostiene sobre personas, sobre trayectorias y sobre compañeros y compañeras que estuvieron cuando era difícil, cuando había que dar la cara, cuando había que tomar decisiones complejas o simplemente estar cerca de la gente.
Vergeles representa precisamente esa manera de entender el servicio público. Una forma de hacer política basada en la cercanía, en la serenidad, en el trabajo constante y en la capacidad de asumir responsabilidades en los momentos más difíciles. Pero también representa algo igual de importante: la idea de que uno sigue siendo útil, referente y compañero más allá del cargo que ocupe en cada momento.
Porque hay personas cuya trayectoria termina formando parte de la memoria colectiva de una organización. Personas que enseñan que la política no es una posición, sino una vocación. Que militar no es aparecer solo cuando llegan tiempos fáciles, sino permanecer, ayudar y seguir aportando siempre.
A veces olvidamos que detrás de cada etapa política quedan también ejemplos. Y esos ejemplos son los que construyen organización, identidad y memoria colectiva. Son los que enseñan a nuevas generaciones que el PSOE no es solo una sigla, sino una manera de comprometerse con la sociedad y con la gente trabajadora desde cualquier espacio.
Quienes han dedicado parte de su vida al servicio público seguirán siendo importantes también fuera del foco institucional. Porque la experiencia, el compromiso y la coherencia no desaparecen cuando termina una etapa. Al contrario: muchas veces es ahí donde más se valora quién estuvo siempre, quién trabajó y quién entendió la política como vocación de servicio.
La política necesita memoria. Necesita gratitud. Y necesita reconocer a quienes ayudaron a construir el camino que hoy seguimos recorriendo otros y otras a pie de calle.













