Ivar Matusevich: La política y el desencanto de Narciso

Reconocer por dónde va la política hoy es el primer paso para hacer de ella la herramienta que, en realidad, es. La egolatría y la endogamia son actitudes de museo. 

Por Ivar Matusevich Follow adrianboullosa on Twitter

Corren tiempos difíciles para los que creen que la política se debe sustentar en un personalismo narcisista, ególatra y vacío de contenido, sea el lenguaje que sea el escogido.

Cuentan que los perdedores, lo primero que intentan, desde su anomalía psíquica coyuntural, es no aceptar los designios soberanos y buscar chivos expiatorios que consigan evadir la auténtica responsabilidad.

En democracia, faltaría más dudarlo, se es derrotado por culpas propias y quien es objeto de un rechazo sincero y de empatías heredadas, ha de reconocerse en el juego de las posibilidades y romper su propio aislamiento. De lo contrario, y como decía Osvaldo Soriano, una sombra ya pronto serás.

La política hoy es una estructura que se está construyendo desde la horizontalidad, el mérito, el rendimiento constante, la lealtad y la capacidad para escuchar. Es tan primitivo el razonamiento que no merece más que dos opciones: ser o no ser.

La presión, las sombras chinas y el aullido histérico de gritos a la luna, no tienen la menor oportunidad de éxito, porque el flagelo autoimpuesto, ahora, no tiene el menor sentido cuando la gente pasa hambre, no puede pagar la calefacción o ven cómo sus hijos son excluidos del sistema educativo primero, y del laboral después.

Vivimos tiempos donde sólo las voces de la legitimidad popular podrán liderar la resistencia para transformar la realidad, tal y como afirmó Miguel Ángel Morales. Siguiendo la línea de pensamiento del Secretario General de todos los Socialistas de la provincia de Cáceres, se acabó el espacio para los que impulsan la lógica de la supervivencia en lugar de impulsar la lógica del mérito.

La política, como primer paso para desprestigiar a la democracia, ha estado agonizando de endogamia en subterfugios que valían de cloaca para derramar las mezquindades dando la espalda a la gente.

Hoy, gracias a quienes lideran la resistencia, el ombliguismo se está acabando. Toca mirar de frente a la ciudadanía, escucharla y, por fin, sentir el orgullo de ser una herramienta y no el fin.

Servir a la gente, definitivamente, desencanta a los narcisos ya “sin agua ni hermosura”,  y cuyos restos, esparcidos por las cunetas del soliloquio, ya no podrán rehacerse por más metamorfosis a la que aspiren.

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