Artículo de Clara Jiménez Santos, Secretaria de igualdad del PSOE de la provincia de Cáceres.
Hay un hilo oscuro que cose, de Washington a Cáceres, un mismo gesto. Ese orgullo de macho ofendido que niega, banaliza o ridiculiza la violencia que sufrimos las mujeres. Lo vemos en líderes que hacen del desprecio un espectáculo, como Trump convertido en símbolo global de la regresión o en Milei, blandiendo su motosierra como si gobernar fuera arrasar derechos y convertir la política en una demostración de testosterona. Ese imaginario violento, lejos de generar rechazo, se exhibe hoy con una impunidad alarmante.
En España tampoco somos ajenos a esta deriva. Abascal y la ultraderecha han hecho del negacionismo su bandera. Hablan de “ideología de género” como si la igualdad fuera una conspiración y no un derecho. Niegan la violencia de género aunque cada año haya nombres, cuerpos y vidas que lo desmienten. Y lo más preocupante es que hay gobiernos autonómicos y municipales que hoy se sostienen en sus votos, cediendo espacio institucional y legitimidad a un discurso que erosiona décadas de avances y coloca a las mujeres en el punto de mira político.
Abascal y la ultraderecha han hecho del negacionismo su bandera. Hablan de “ideología de género” como si la igualdad fuera una conspiración y no un derecho. Niegan la violencia de género aunque cada año haya nombres, cuerpos y vidas que lo desmienten. Y lo más preocupante es que hay gobiernos autonómicos y municipales que hoy se sostienen en sus votos, cediendo espacio institucional y legitimidad a un discurso que erosiona décadas de avances y coloca a las mujeres en el punto de mira político.
Esta misma semana hemos visto una escena que debería avergonzar a cualquier país que se llame democrático. Durante la protesta de Femen ante una misa en honor a Franco, asistimos, en directo, a una agresión sexual. Un hombre con su puro en la boca y la bandera fascista en la mano se abalanzó sobre una activista, tocándola y empujándola para intentar silenciar su protesta. Esa imagen es la síntesis perfecta del machismo impune. La violencia ejecutada sin pudor, amparada por símbolos autoritarios y por la certeza de que a una mujer que alza la voz se la puede callar sin consecuencias.
Y mientras tanto, en Extremadura lloramos ya a tres mujeres asesinadas este año. Tres ausencias que gritan más que cualquier eslogan.
Por eso el 25 de noviembre no puede convertirse en una costumbre vaciada de sentido. Este día existe porque sigue habiendo asesinadas, porque hay vidas truncadas, porque seguimos contando víctimas. Existe para recordarnos que la violencia de género no es un problema privado, ni una exageración, ni una lacra, ni un invento ideológico. Es una emergencia social que exige acción, valentía y verdad.
Y aquí es donde debemos ser claras. Honrar el 25N es incomodar, es señalar a los negacionistas, es romper el silencio y defender cada derecho conquistado. No vamos a permitir que quienes blanquean el machismo disfracen su odio de opinión. No vamos a permitir que la memoria de las víctimas se utilice como arma política. No vamos a permitir que el miedo vuelva a dictar las reglas.
El 25N es el motivo, el centro y la razón. Estamos aquí porque muchas no pueden estarlo. Por ellas y por nosotras, no vamos a retroceder. Vamos a seguir organizándonos, hablando, educando, denunciando y luchando. Esa es y seguirá siendo la política del PSOE: proteger a las mujeres, blindar sus derechos, reforzar las leyes que nos amparan, garantizar recursos públicos y construir un país donde la igualdad no sea negociable ni retroceda por presión de quienes la niegan. Ese es el compromiso y no vamos a olvidarlo.














