Miguel Á. Morales: «La derecha y el negacionismo»

La calumnia, la infamia y la tergiversación de los hechos, ha sido el lugar común habitado por el sector más conservador de los constructores de poder invariable, injusto y desigual de nuestra sociedad. Así ha sido y es, año tras año, década tras década.

La negación constante de la memoria como herramienta de reparación y justicia para quienes perdieron a sus seres queridos en el franquismo, es una de sus grandes banderas. Equiparan y confunden lo que no es equiparable ni confuso, aspirando así a construir una trinchera  donde el odio que los mantiene vivos vuelve a ser su causa, una causa contraria a la racionalidad, una causa contraria a la mayoría social de nuestro país.

La negación de la crisis climática cada día -menos en fechas marcadas como la cumbre realizada en Madrid- es característica del bando de los malintencionados, ignorantes y adeptos que imitan un discurso falaz que no hace más que reírle las gracias a Donald Trump y profundizar la tragedia que le estamos dejando a nuestros descendientes.

La negación inmoral de la violencia de género es la bandera más vergonzosa que ondea la ultraderecha española y que persigue invisibilizar a la mujer, hacer olvidar los logros obtenidos y los techos de cristal que se han roto, para lanzarlas de nuevo al hogar y a la desigualdad que, según ellos, es una forma natural de ordenación social.

Todo este afán negacionista sería una historia marginal y silenciada por sus propias mentiras y banalizaciones, de no ser porque el adalid del orden y el adalid del amor por la patria, blanquea, legitima y da alas a sus hoy necesarios socios en Madrid, Murcia, Castilla León y Andalucía.

Sí, el PP ha incumplido la norma básica de cualquier demócrata: dar espacio y capacidad de influencia a un partido que odia y que atenta, con sus infamias, contra el orden constitucional y el sistema democrático.

La historia y el país juzgarán semejante irresponsabilidad. La ciudadanía sufre el odio y las soflamas que la ultraderecha legitimada por el PP, lanza contra las Comunidades Autónomas, contra las mujeres, contra la comunidad gay y contra nuestra capacidad, como pueblo, de curar definitivamente las heridas de la historia.

Nuestro deber es pararlos en seco y seguir construyendo una sociedad igualitaria, una sociedad que defienda el medioambiente, una sociedad que esté en paz con sus muertos, una sociedad que conviva con la diferencia, una sociedad, en definitiva, que nos permita seguir avanzando en paz, con diálogo y el imprescindible consenso que necesita España para llevar adelante las grandes reformas que nos definirá como un país neurálgico o, de no realizarlas, como un país marginal.

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