La derecha de este país llama sumar a la acumulación de odio, porque es precisamente odio lo que suman la mirada arrogante de Cayetana Álvarez de Toledo, la veleta cambiante de Albert Rivera y el ladrido sin formación de Abascal, un vividor de la política que se cansó de esperar su turno y decidió armar su propia empresa de colocación.
Todos ellos buscan mayor espacio para detener el avance de este país, un país que, hoy más que nunca, necesita un debate serio y profundo para reformularse, si es preciso, en una fuerza con mayor poder de influencia en las decisiones globales.
La derecha no quiere convencer, nunca lo hizo porque siempre estuvo más cerca de Millán-Astray que de Churchill. La derecha quiere vencer para imponer su idea de país, un país en el que la sanidad se privatice mientras aplica la Ley mordaza, un país que se paralice mientras se llevan el dinero a Suiza, un país que grite Arriba España mientras evaden sus responsabilidades impositivas.
Sí, hipocresía pura que se ha encargado de destrozar la convivencia cada vez que ha podido, que ha utilizado el terrorismo cada vez que le ha servido y que se comporta, hoy, como auténticos desleales a un gobierno que cree más en la palabra que en la fuerza bruta. Y que nadie se confunda: la derecha de este país señala a los valientes, pero no dan un paso al frente ni por España, ni por la gente.
El ultraderechista de Vox habla de familia, pero se divorcia y habla de la patria, pero se escapó de la mili. Dos anécdotas de bajo costo que retratan la falsedad con la que, incluso se ha atrevido a citar a Unamuno y su “venceréis, pero no convenceréis”, cuando él y su fuerza política defienden la historia de los que masacraron, asesinaron y sumieron a España en la Edad Media. Por eso ahora más que nunca para que no pasen ¡vota!
Ellos, la derecha que se desespera por sumar, sabe que no van a conseguir muchos más votos. De unos irán a otros dentro del mismo bloque, pero para ganar al PSOE juegan al desánimo del país progresista, de la ciudadanía que, aunque más cerca de nuestros postulados, se siente desilusionada por la repetición electoral.
Pues desde aquí os digo que es mejor repetir una y mil veces las elecciones que pasarse 40 años con miedo y sin votar. No podemos bajar los brazos porque si lo hacemos, daremos paso a una derecha retrógrada que cree en las élites y que desprecia a las mayorías. Vamos a ir a votar para ganar el 10-N, porque ganar implica derechos, igualdad y futuro incluyente. Nuestras son las razones, suyos los aullidos y el odio. Elijamos bien.













