Raúl Vázquez Sánchez es Delegado Territorial del PSOE Provincia de Cáceres.
Con el paso del tiempo no me he hecho conservador como le suele pasar a muchas personas a medida que van pasando por la vida. Lo cierto es que cada vez soy más socialista, defendiendo mis ideas con un mayor convencimiento, teniendo claro que el socialismo no es una utopía, sino la defensa organizada de los débiles frente a los fuertes, como nos decía nuestro fundador. Incidiendo en aquellas políticas que busquen y apliquen el reparto de la riqueza de manera que sirva para todos sin destruirla. Con cabeza, en la búsqueda real de la igualdad de oportunidades, el equilibrio territorial y la cohesión, cuestiones muy europeístas todas. Lo que sí ocurre es que con los años uno acumula conocimiento y experiencia, con empeño, dedicación y honestidad intelectual, dotado de la información necesaria para hablar con propiedad de los asuntos en cuestión y trabajando políticas que den soluciones a realidades concretas.
Una de estas realidades es el cultivo del tabaco en nuestra región y su relación con las reconversiones, reformas de la PAC, OCM oportunas y tratados comerciales internacionales. Con todo ello, pocos ámbitos requieren tanta memoria, rigor y perspectiva. Para entender dónde estamos hoy conviene retroceder, al menos, hasta 2003, cuando se inicia una de las grandes batallas del sector: el acoplamiento o desacoplamiento de las ayudas. Aquella reforma de la PAC y su correspondiente chequeo médico nos colocó ante un modelo híbrido (60-40) que ya anticipaba un futuro complejo. Posteriormente, en 2010, una nueva lucha en Bruselas desembocó en la desaparición definitiva de las ayudas acopladas al cultivo del tabaco.
Ante ese escenario, y esto es importante recordarlo, Extremadura reaccionó, siendo la única comunidad autónoma que articuló una estrategia integral. Se configuró la estructura inicial de la futura Región Tabaquera, dando sentido a un argumento clave: producimos tabaco, no fumadores. Desde la Junta presidida por Guillermo Fernández Vara, con la colaboración leal y responsable de todo el sector, se puso en marcha el Plan de Apoyo al Sector Tabaquero. Un plan serio, trabajado y ambicioso que permitió mejoras sustanciales en la producción: plataformas de secado con biomasa, maquinaria para reducir costes y una mejora profunda de los regadíos. Paralelamente, tras un trabajo técnico constante con la Comisión Europea, se diseñó una agroambiental específica para compensar las pérdidas derivadas de la eliminación de las ayudas acopladas. Hablamos de un plan que movilizaba en torno a 110 millones de euros.
Ese plan, lo digo sin rodeos, se dejó perder durante la etapa de Monago. Se dejó perder y se destinó a otros sectores. Resultado: pérdida ingente de fondos y un sector seriamente perjudicado, cuyas consecuencias aún arrastramos. A ello se sumaron decisiones erróneas, el daño provocado por Mella —asumido en parte por Cetarsa— y la aparición de canales ilegales de venta y contrabando. En 2015, es justo reconocerlo, Guillermo Fernández Vara volvió a desempeñar un papel determinante, sentando las bases para combatir este tráfico ilegal.
Con la Junta nuevamente en manos socialistas, se logró retomar, renovar y ampliar la agroambiental, pese a las trabas encontradas. Todo ello fue posible gracias a técnicos, funcionarios y responsables políticos que antepusieron la importancia estratégica del sector a cualquier interés personal o partidista. Y aquí va una de las críticas centrales de este artículo: a escasos meses de la nueva PAC, quien dirige las políticas agrarias en Extremadura debería estar trabajando informes sólidos para dar la batalla en Bruselas, centrarse en el recorte presupuestario, el capping, el fondo único, el relevo generacional y dejar la política barriobajera. Allá ellos.
En Agroexpo 2026, en movilizaciones o tractoradas, algunos “aspirantes” utilizan el cultivo del tabaco como munición política contra el socialista o contra Pedro Sánchez. Se equivocan gravemente. Los precios por kilo de tabaco desde que Pedro Sánchez es presidente no tienen comparación, salvo los años previos a la reconversión del 92. Ninguno. Esto se entiende al amparo de la Ley de la Cadena Alimentaria: precios justos y ventas dignas.
Ya lo vivimos en 2013, cuando se perdieron ayudas clave, y las consecuencias fueron duras. Hoy, de repetirse, serían irreversibles. Ya nos hicieron perder más de 110 millones de euros; ahora llevamos dos años y medio perdidos, sin un solo informe serio que respalde al sector. El sector se juega unos 80 millones de euros en la nueva PAC. Con Guardiola, nos encontramos un sector dividido, no atendido en la Consejería, sin trabajo previo de la PAC ni de la agroambiental, con ayudas a jóvenes bloqueadas, sin inversiones en secaderos ni mejoras productivas, y con una Junta que apenas se compromete a un 20 % insuficiente.
El momento es crucial. Estamos en 2026, a las puertas de una nueva PAC que debería estar trabajándose ya con el Ministerio y otras comunidades. Convertir cada foro en un mitin o cada jornada técnica en un ajuste de cuentas ideológico, como ocurrió en las Jornadas de Cetarsa en Feval, es un error grave. A ello se suma la guerra interna de la derecha por el control de la Consejería de Agricultura, con efectos previsibles y preocupantes para el sector.
El cultivo del tabaco necesita precio justo, estabilidad y respeto institucional, no trincheras ideológicas ni aspiraciones personales. Cuando se gobierna pensando en el sector, este responde; cuando se utiliza como arma política, el daño es profundo y duradero. La retirada de fondos para otros fines simbólicos, la paralización del regadío y de inversiones estratégicas no son decisiones neutras: condenan explotaciones, aceleran el abandono y debilitan comarcas enteras.
La experiencia demuestra que con planificación, precio justo y respeto, el sector es viable. Nosotros, los socialistas, seguiremos defendiendo contratos plurianuales, acuerdos con las multinacionales, informes sólidos para Bruselas, ayudas a la renta en la futura PAC, mejoras productivas e incorporación de jóvenes. Defender a los débiles frente a los fuertes, intervenir los mercados y fijar población en el medio rural es lo que nos define y lo que ha mantenido viva a esta Región Tabaquera. Mucho cuidado, porque cuando se improvisa y se prioriza el rédito político, las consecuencias pueden ser definitivas.













