Santos Jorna: «Banca Ética»

Dícese de las entidades financieras cuyos productos no están condicionados exclusivamente por el beneficio, son igualmente importantes los criterios sociales, ambientales, de transparencia y participación. 

Vivimos en un sistema productivo, marcado claramente por los principios y objetivos del capitalismo, donde las entidades financieras, los bancos juegan un papel destacado en el mantenimiento del status quo, del esqueleto básico de los diferentes procesos económicos que contiene tanto la macro como la micro economía de países, regiones, pueblos y ciudades.

Los bancos se inventaron antes incluso que el dinero. Tenemos que remontarnos a la antigua Mesopotamia donde desde el año 2000 antes de Cristo, los comerciantes prestaban granos a los agricultores y mercaderes de Fenicia, Asiria y Babilonia. Las operaciones se anotaban en tablillas de barro en templos y palacios, lugares seguros para guardar las mercancías. Los depósitos custodiados por esos protobancos se mantenían inactivos, sin generar ganancias.

Mucho ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad hasta llegar al sistema bancario actual, donde hoy a nadie ya se nos puede olvidar que en su seno se fraguó la peor crisis económica vivida en todo el mundo en ese fatídico 2008 y sus años posteriores de gran recesión con consecuencias desastrosas para millones de personas y familias de los 5 continentes. La crisis de las hipotecas subprime iniciada en Estados Unidos, basada en la desconfianza crediticia, a la que además en España se le unió una desastrosa burbuja inmobiliaria.

Consecuencia de todo ello, tampoco se nos debe olvidar desde las instancias públicas en nuestro país, se inyectaron más de 64.000 millones de euros para salvar a los bancos españoles, el famoso Fondo de rescate Bancario, dinero público, que según cálculos de este año 2020, 43,225 millones estarían totalmente perdidos, un 73% de las ayudas públicas aportadas.

Sin lugar a dudas los bancos españoles han cambiado mucho y en poco tiempo. La desaparición de algunos, la fusión de muchos otros, el establecimiento en los últimos años de nuevas formas de relación con la ciudadanía, nos debería llevar a preguntarnos si todo lo que se ha hecho desde el 2008, con dinero público para salvar a la mayoría de ellos, estos lo están devolviendo a lo público, a la sociedad con más y mejores servicios a la ciudadanía.

Y la respuesta es que las actuaciones de la mayoría de los bancos en nuestros pueblos y ciudades deja mucho que desear. Han comenzado un imparable camino de alejamiento cada vez mayor en sus relaciones directas con sus clientes, han cerrado oficinas en nuestros medianos y pequeños pueblos, imponiendo comisiones solo por pisar el banco, y despidiendo a miles de empleados en sus cada vez menos oficinas. Las obras sociales de las Cajas de Ahorro han ido desapareciendo, en nuestras 230 entidades locales de la provincia cacereña, obras sociales que sirvieron durante muchos años para construir bibliotecas, casas de cultura, o patrocinar certámenes de cultura, acontecimientos deportivos y sociales. En el estado de alarma, provocado por la pandemia de la Covid 19, costó sangre, sudor y lágrimas que muchos bancos abrieran en nuestros pueblos y que pudieran prestar servicios básicos a nuestros vecinos y vecinas, que tenían domiciliados en los mismos el cobro de sus salarios o de sus pensiones.

Por eso hoy se hace más necesario que nunca, el que podamos explorar todas las alternativas a la banca tradicional con la que hemos mantenido relaciones en las últimas décadas, y que hoy parece mucho más interesada en cuadrar únicamente sus cuentas, que la de ayudar a mantener a flote la vida de la gente, que quiere vivir en familia o mantener sus negocios.

Es por ello que nos parece muy interesante conocer, qué supone en estos momentos la Banca Ética. Es fundamental que exista una banca de proximidad, y que además de promover el beneficio de los productos que ofrezca, se constituya como una banca que intenta contribuir al desarrollo, a la transformación de la sociedad, al bienestar humano y la preservación del medio ambiente.

Aunque parezca muy nueva no es de reciente aparición, la banca ética ya surgió en los años 60 con el fin de promover un uso responsable y transparente del dinero. Hoy son entidades financieras, que como tales captan fondos de ahorro e inversión, y por otro conceden financiación a empresas, proyectos y organizaciones, que destinan ese dinero a mejorar la calidad de vida de las personas y proteger la naturaleza. Es decir, se fijan mucho en de donde procede el dinero, y para que se destina, y todo ello con sistemas mucho más públicos y transparentes. No será banca ética, una entidad que invierta, directa o indirectamente, a través de fondos de inversión en armas, explotación laboral o infantil, combustibles fósiles, por poner algunos ejemplos. Les interesa especialmente acompañar a proyectos de economía social y solidaria.

Hoy desde opciones progresistas de entender la sociedad estamos obligados a repensar nuestras relaciones con los bancos y las entidades financieras. Nuestro poder como ciudadanía, no solo reside en votar cada cuatro años, si no en qué y cómo consumimos cada día. Cada acto de consumo que llevamos a cabo es un voto a favor o en contra de una determinada manera de ver y construir la sociedad a diario. El sistema de mercado somos todos, y si cambiamos nuestra forma de pensar, de actuar, de invertir nuestro dinero, estaremos de una u otra manera interviniendo en cambiar el rumbo de los modelos económicos. Existe un poder real en nuestras actuaciones diarias, aunque no nos hayan hecho verlo, sentirlo, usarlo. Aunque hoy aún, nos importe más el interés dinerario que nos aporte un banco, que lo que haga con mi dinero; aunque todavía hoy nos importe más el precio económico en la compra de un producto que el cómo lo han realmente fabricado y a costa de qué.

Debemos cada día y entre todos ir creando una nueva economía, donde en nuestras operaciones diarias, incluidas las que realizamos con nuestros bancos, tengamos muy presentes los valores por los que nos movemos y siendo conscientes de que principios como la solidaridad, la integración social, la sostenibilidad están diariamente puestos en juego, por aquellos a los que confiamos la gestión de nuestros dineros ahorrados.

La banca ética es y debe ser un modelo a conocer y explorar en nuestras transacciones económicas diarias, al menos deberíamos preguntarnos si lo que hacemos con nuestro dinero y nuestros bancos actuales sirve para que se creen servicios comprometidos con nuestro pueblo y el medioambiente, para que la relación entidad-cliente sea justa y transparente, para que se promuevan formas de  equilibrio entre los intereses de banco y cliente, para que se involucren en nuestras expectativas y objetivos, mirando resultados sociales y económicos no solo a corto,   también a medio y largo plazo, para que promueva cambios en la economía real y no solo en la especulativa, y en definitiva para que se use mi dinero en consonancia con mis valores y principios personales y colectivos.

Analicemos y luego decidamos, tanto desde lo personal como lo colectivo, tanto desde el mundo privado, como desde el público. En las puertas de una nueva y grave crisis económica tras la Covid 19, debemos saber quién está a nuestro lado para echarnos una mano cuando la necesidad apriete y quien solo quiere hacer negocio con nuestras fuerzas y esperanzas.

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