Digital: dícese de la transformación que supone el cambio asociado a la aplicación de tecnologías digitales en todos los aspectos de la sociedad.
La conversión de lo analógico a lo digital, es un proceso denominado digitalización cuyo efecto es la transformación digital que a su vez está provocando un cambio social y global.
Desde su creación en el año 1969 internet ha influido en nuestras vidas como lo ha hecho la electricidad.
Hoy en día no puede existir un solo rincón de nuestra sociedad, ni un solo pueblo o ciudad que no conozca ya el significado de conceptos como el de internet de las cosas, industria 4.0, big data, inteligencia artificial, sensorización , realidad virtual… Se está creando a pasos agigantados una sociedad digital, una economía digital, y si no queremos perdernos las oportunidades que genera, debemos conocer el sentido de sus postulados y procesos. Ningún líder político, económico o social del ámbito local, provincial, regional debe despreocuparse de como la transformación digital va a afectar, está afectando ya a sus realidades, a sus iniciativas y proyectos de futuro en el ámbito personal y en el colectivo, en los ámbitos públicos y privados, en los sectores de la administración pública, en las empresas, en las asociaciones, en la ciudadanía.
El desafío es tremendo, la automatización de la economía eliminará más de 75 millones de empleos para el año 2025 en todo el Mundo, pero al mismo tiempo creará unos 133 millones de nuevas funciones. Entre 400 y 800 millones de personas se verán desplazadas en sus puestos actuales de trabajo.
Se cree que en un periodo de 5 años se van a empezar a demandar de manera prioritaria analistas de datos, encargados de diseño, pensamiento crítico, inteligencia social, programadores y desarrolladores de software. Solo en la ciudad de Cáceres hoy trabajan unas 700 personas en el mundo del software, y se prevé que en pocos años superen las 2000 personas. Si todo sale como parece serán igualmente muy necesarios trabajadores en algo que está por crear en nuestra provincia, en nuestros pueblos y ciudades, las Industrias auxiliares del software. Esta nueva industria podría crean muchos puestos de trabajo en personas con baja cualificación formativa, y sin mucha especialización requerida, aunque con necesidad de habilidades y talento para las nuevas competencias demandadas. Eso si requiere el que podamos formales desde ya mismo en conocimientos básicos útiles y reclamadas empresarialmente de programación y desarrollo software.
No debe existir un solo pueblo de nuestra provincia, nuestra región, que no enseñe a sus niños y niñas, a sus adolescentes, a programar, que no convierta sus cursos actuales de enseñanzas analógicas en capacitaciones digitales.
La cuarta revolución industrial ya está aquí, y el éxito en nuestros pueblos y ciudades no va a depender solo de que seamos capaces de conocer y usar las nuevas tecnologías, que también, si no de tener, desarrollar, organizar, preparar a la población en las competencias clave digitales para poder saber en qué nos puede beneficiar a cada uno de nuestros territorios.
Como responsables políticos, sociales o económicos de nuestros entornos, tenemos la obligación de no permitir más desigualdad de la ya existente, más brechas que las ya sufridas, corremos el riesgo de ahondar en otras brechas territoriales, de edad, de género, sociales, culturales, empresariales y económicas, si no lideramos esta transición de lo analógico a lo digital
Y no podemos volver a caer en dramáticos errores del pasado, esta transición, la implementación de una sociedad digital, de una economía digital, de una educación digital, no solo consiste, ni siquiera es lo más prioritario, en llenar nuestras vidas de nuevos aparatos tecnológicos. Disponer de máquinas digitales con funcionarios, empresarios, profesores, médicos, ciudadanos que solo sean analógicos, nos volverá a llevar de nuevo a un callejón sin salida.
Si alguien cree que va a poder liderar, dirigir, a sus territorios, empresas, organizaciones, con claves y procesos analógicos del siglo XX se equivoca, y lo que es peor, conduce a la equivocación a los proyectos que pueda conducir, propios y colectivos.
Tenemos que saber adelantarnos a lo que va a venir, a lo que ya está aquí, a saber, que el futuro es hoy, pero que en cada lugar sigue estando por crear. Que nadie vuelva a decir que nuestro destino está ya marcado, decidido desde lugares alejados a donde vivimos, por nuestra incapacidad de conectar con el mundo que se crea cada día en cada rincón de nuestro planeta, por lejano que nos parezca.
La industrialización despobló a buena parte de nuestros pueblos, la digitalización puede ayudarnos a repoblarlos, es un reto con muchos riesgos, pero con muchas oportunidades.
La Diputación Provincial de Cáceres ha aprobado este año su primer Plan de Transformación Digital de la provincia cacereña, con más de 140 acciones, y unos 40 millones de presupuesto, para ayudar a ayuntamientos, empresas y sociedad a transitar hacia lo digital. El Gobierno e España ha aprobado su Agenda digital hasta el 2025, lo mismo que va a hacer la Junta de Extremadura. El fondo europeo de la reconstrucción tras la Covid-19 movilizará en los próximos años en España más de 20.000 millones de euros para la digitalización de nuestra economía y de nuestra sociedad. Reivindicar que no haya ni un solo pueblo sin fibra óptica en nuestra provincia, en nuestra región, nuestro país debe de ser el primer reto, aun todavía son muchos los territorios que no disponen de una comunicación ni segura ni rápida.
Nuestras 230 entidades locales de la provincia de Cáceres no pueden perder ni un solo segundo, en comenzar su transición hacia municipios digitales. Esta revolución la tenemos que ganar, el mundo rural la va a ganar, hay demasiado en juego.













