Indicador que mide el bienestar de un pueblo, ciudad, región o país en base a valores tanto objetivos como subjetivos.
Medir si una comunidad es o no feliz, dispone de un bienestar o no adecuado, es rica o es pobre, debería ser una constante en las planificaciones y evaluaciones políticas que hacemos en cada uno de los territorios en los que se trabaja política, social o económicamente. Cada responsable político, social, económico, cultural, debería saber en todo momento si la comunidad en la que trabaja avanza, se mantiene, o retrocede en índices de bienestar, si la gente que habita en ella, es cada vez más o menos feliz.
Y para medir si una comunidad concreta progresa adecuadamente o no, hasta ahora el índice universal que se ha venido utilizando ha sido el de saber si es más o menos rica desde el punto de vista exclusivamente económico, utilizando el concepto de Producto Interior Bruto, que se viene a definir como el indicador económico que mide la producción de bienes y servicios de demanda final en un momento concreto de un país o región.
Pero ¿mide el PIB realmente si una región, un país, es mas o menos rico, se vive mejor o peor en él, es más o menos feliz?, y la respuesta es que no. No es suficiente con un indicador que exclusivamente mide la producción de bienes y servicios para poder valorar si una comunidad es más o menos próspera.
Por todo ello en algunas regiones y países ha ido apareciendo otro concepto para medir el bienestar de un territorio en un momento concreto, este es el de Felicidad Interior Bruta, con el que se pretende medir el desarrollo de un territorio desde una perspectiva mucho mas integral, concibiendo tanto aspectos objetivos como algunos mucho más subjetivos.
La medición se realiza a través de un cuestionario de 180 preguntas que considera 9 dimensiones.
- Bienestar psicológico
- Uso del tiempo
- Vitalidad de la comunidad
- Cultura
- Salud
- Educación
- Diversidad medioambiental
- Nivel de vida
- GobiernoEn relación con el bienestar mental, se estudian los estados emocionales positivos y negativos de la población, Tomando como referencia el uso del tiempo se valora a que se dedica la población en actividades sociales, culturales, de entrenamiento. El concepto de vitalidad de la comunidad viene a reflejar el sentimiento de pertenencia a la comunidad, la seguridad en la misma, su dinamismo. El fomento de la cultura, el dar valor a las tradiciones culturales, la promoción del activismo cultural es otro de los indicadores que demuestran una comunidad más o menos feliz. Por supuesto el estado de la salud, la prevención sanitaria, los recursos sanitarios, los hábitos saludables de vida. La educación como herramienta de conquista de esferas de felicidad personal y colectiva también es muy importante, valorándose los conocimientos, los valores, la creatividad, las habilidades de la población en sus iniciativas innovadoras. La biodiversidad de nuestros territorios amenazada cada día un poco mas es igualmente otro valor a identificar y tener en cuenta a la hora de ver si avanzamos o retrocedemos en los mantenimientos de nuestros ecosistemas. El nivel de vida es otro de los indicadores a valorar en el cual se incluyen el numero de personas empleadas o paradas, sus ingresos, sus bienes materiales en propiedad o posesión; y por ultimo la gobernanza, el como los ciudadanos/as ven y valoran a sus representantes políticos, sociales, económicos, judiciales, la confianza en el sistema que garantiza derechos y libertades y que exige responsabilidades y obligaciones.
Sin lugar a dudas para una provincia como la cacereña con sus 230 entidades locales y cerca de 400.000 habitantes, sería recomendable que comenzáramos a ver si disponemos de un índice de FIB, de Felicidad interior Bruta, aceptable, mejorable, recomendable. Estoy seguro que saldremos mucho mejor parados que si solo valoramos el Producto Interior Bruto, esas producciones de bienes y servicios, que de una manera u otra han sido creadas por las regiones y países “más ricos”, para diferenciarse de las que consideran “más pobres”. Hoy la riqueza o la pobreza no solo debe depender del numero de objetos que producimos, si no de si la gente tiene salud, cultura, educación, trabajo, servicios sociales, biodiversidad. Son varias ya las regiones y países que miden su progreso con el índice de felicidad interior bruta, y en algunos ayuntamientos de nuestro país incluso han creado las primeras concejalías de promoción de la felicidad entre sus habitantes. Vivir en un pueblo por pequeño que sea, pueda generar mas felicidad a sus habitantes que una gran urbe por muchos vehículos, edificios y centros comerciales que disponga. Esa felicidad tenemos la obligación de poder medirla y poder ofrecerla para valorar mucho más de lo que hoy hacemos, la vida en nuestro mundo rural.













