Ofensa pública que sufre una persona o grupo social.
Son cada vez más numerosas y variadas las formas en las que en nuestra sociedad se puede ofender con ideas, pensamientos, acciones o inacciones, a una persona o a un grupo de personas. Sin lugar a dudas, los tiempos han ido cambiando y mucho los métodos y formas con los que se puede dañar la imagen, el honor, de una persona o de un colectivo de personas, algunas veces de manera inconsciente, en otras de manera claramente malintencionada. Desde que descubrimos que en la penúltima campaña electoral a la presidencia de los EEUU, lo seguidores de Trump usaron métodos tales como los de crear permanente bulos ( ahora se les llama fake news), mentiras descarnadas, algunas realmente macabras o incluso delictivas sobre personas en concreto ( incluida su oponente política Hilary Clinton), o como sociedades empresariales pudieron comprar los datos de millones, dicen que más de 40 millones a una de las redes sociales más influyentes y seguidas como es Facebook para usar todos esos datos de toda esa gente en beneficio del que llegó a ser presidente de los EEUU y hoy felizmente para su país y el mundo entero desbancado de la Casa Blanca.
La carrera ha empezado y continua por los 5 continentes, cientos, miles de noticias inventadas para dañar a personas o colectivos, miles de acciones fundamentadas en torno a ideas preconcebidas y falsas para conseguir réditos políticos o económicos, acciones políticas que no buscan el consenso, si no dañar por dañar al oponente político al margen de las consecuencias éticas o políticas, sociales o económicas para la sociedad en la que se vive.
Voy a poner algunos ejemplos para entender perfectamente lo que estamos viviendo, pero sobre todo de lo que se nos viene encima si no somos capaces de buscar fórmulas reales y duraderas que nos protejan de la ignominia, de esas ofensas públicas que tanto están dañando la vida de la sociedad, de los grupos diversos que la integran y de personas con nombres y apellidos.
Personas con poder como el expresidente norteamericano, o los presidentes de Brasil, México o el primer ministro británico han sido todo un mal ejemplo en los tiempos del coronavirus de lo que no debe hacer el primer mandatario político de un país. En momentos donde la gente vive con angustia, desesperanza y dolor una crisis sanitaria sin precedentes, estuvieron durante varios meses negando la importancia de la Covid-19, hasta que les tocó sentirla en primera persona. El primer ministro británico con ingreso en UCI incluida. Pasaron su propia máquina de la verdad, su detector de mentiras, la prueba del algodón a través de enfrentarse personalmente con la enfermedad, que les acalló de manera directa sus patológicas mentiras, bulos sobre la enfermedad y sus consecuencias reales. En todo el mundo miles de negacionistas del coronavirus, de las vacunas acampan a sus anchas con sus ideas conspiranoicas. Hoy varios partidos de la oposición, entre ellos el PP, está fundamentado su estrategia de desgaste al gobierno, en usar los datos de la pandemia en cada región, ciudad, pueblo, en utilizar las medidas , duras la mayor parte de ellas, para atacar al gobierno de turno, nacional, regional, provincial, o local, haciendo un uso en muchos casos miserable de una desgracia como la que representa la Covid19, queriendo sacar alguna supuesta ventaja partidista, a las muertes, las personas enfermas, los cierres de establecimientos, los confinamientos, la escasez de vacunas. Todo un ejemplo de cainismo político en tiempos de pandemia.
Hace unos días el Congreso de los Diputados Español vivió una jornada muy a tener en cuenta para valorar el estado en que se encuentra la altura de la política española a la hora de tomar decisiones que ayuden a mejorar la vida de todos los ciudadanos/as que habitan en nuestro país. Se debatió y votó el procedimiento para regular la gobernanza en España, de los fondos europeos destinados a la recuperación por la crisis del Covid, nada más y nada menos que 140.0000 millones de euros, procedentes de la Unión Europea, que costó conseguir y que van a ser destinados a proyectos productivos. Proyectos que podrán generar riqueza y empleo en unos momentos de crisis económicas galopante, dirigidos a nuestras empresas, pymes, autónomos para la realización de iniciativas que permitan recuperar parte de lo perdido a consecuencia de la Pandemia. El Partido Popular votó en contra del decreto que debía regular dichos fondos y por lo tanto puso en peligro la llegada de los mismos a nuestro país. Les pareció una vez más, que era más importante votar en contra de una propuesta porque venía del Gobierno que facilitar la llegada de ese dinero a España. Les pareció más prioritario obstaculizar, retrasar, impedir la gestión de esos fondos en nuestra necesitada nación por dañar al gobierno, que pensar en los miles de empresas y familias que podrían beneficiarse de ellos. Todo porque, según sus peregrinas argumentaciones, la gobernanza, la gestión de esos fondos, regulaban algunas nuevas posibles contrataciones de la administración pública haciéndolas más rápidas, y ágiles en detrimento de la seguridad. Es decir, venían a contradecir lo que desde hace años miles de empresas, negocios, y representantes políticos de diferentes ámbitos venimos reclamando, que la normativa y su aplicación, que la burocracia existente impide, dificulta, retrasa miles de proyectos que generan riqueza y empleo, y que o la flexibilizamos o mandamos al carajo a miles de buenas ideas, de buenas iniciativas de desarrollo en nuestros pueblos y ciudades. Porque el decreto que pretende eliminar burocracia y recortar plazos el PP votó en contra. EL PP votó pensando en desgastar al Gobierno de España, sin importarle que con ello podría dañar a millones de personas en nuestro país, especialmente las más afectadas por la crisis sanitaria y económica.
Una de las redes sociales más seguidas como es Twitter acaba hace unos días de suspender la cuenta abierta en esa red por parte de la formación política Vox, por “incumplir las reglas que prohíben las conductas de incitación al odio”. Y es que esta formación desde que nació no ha hecho otra cosa que lanzar bulos sobre colectivos y personas, usando las redes sociales al más puro estilo de los seguidores del defenestrado Trump. Esto es lo que dice Twitter en su política ética de sus contenidos” Prohibimos dirigir a personas y grupos contenido destinado a incitar al miedo o difundir estereotipos de temor sobre una categoría protegida, lo que incluye afirmar que los miembros de una categoría protegida tienen más probabilidades de participar en actividades ilegales o peligrosas, por ejemplo, «Todos los [miembros de un grupo religioso] son terroristas»
Hace unos días uno de los máximos dirigentes de vox defendía en una televisión nacional lo que habían dicho de forma permanente en redes sociales al afirmar que el 93% de las denuncias penales, tienen a los inmigrantes como sujetos responsables, y de esos la mayoría proceden del Magreb. Cuando la realidad, como le argumentó el periodista que lo entrevistaba, con datos oficiales procedentes del Instituto Nacional de Estadística del año 2019, las condenas en ese año tuvieron mayoritariamente a los españoles como sujetos responsables penalmente. Un 75% de los delitos fueron cometidos por españoles, y los que cometieron los extranjeros en nuestro país, mayoritariamente no provenían del Magreb, ni si quiera de África, la mayor parte provienen en ese año 2019 de la Unión Europea, datos oficiales del INE. Pero el bulo de Vox, con la intención de sacar votos de esta manera, dañando la imagen del colectivo de inmigrantes en nuestro país, hay miles de personas que se lo compran, lo comparten y hasta lo defienden dando por validos datos totalmente falsos.
Y es evidente que, de esos polvos que se esparcen impunemente todos los días, nacen cada día nuevos lodos miserables de intolerancia, y discriminación, muy, muy peligrosa. A veces no solo hay personas o grupos que se atreven con grupos y colectivos, en términos generales, si no con personas concretas con nombres y apellidos. Así ha ocurrido hace unos días con las múltiples ofensas que se han lanzado por diferentes individuos contra la Directora General de Migraciones del Gobierno de España en redes sociales tales como “¿Tenemos a una mora de Secretaria de Migraciones? Merecemos que nos caiga fuego y azufre del Cielo” o “A jalloul_hana, esa inepta prevaricadora lameojetes de sus jefes es a la primera que habría que deportar”, hasta tal punto que la propia Directora General de Migraciones Hana Jalloul Muro ha tenido que explicar en Twitter relatos como este “Mi nombre es Hana Jalloul Muro. Nací en Zaragoza y crecí entre Sabiñánigo (Huesca) y Madrid. Mi madre es aragonesa y mi padre libanés. Se conocieron cuando él estudiaba medicina en Zaragoza. En mi infancia tuve que contar ese relato muchas veces. En la España de entonces mi historia no era tan habitual como lo es hoy, pero el odio no arraiga en el corazón de un niño. El odio es patrimonio de los adultos, y algunos lo esparcen con saña en las redes. En Twitter suelo recibir mensajes como estos ante los que habitualmente callo. Hoy no lo haré Por mí y por quienes sufren sin tener la oportunidad de responder ante el odio, el racismo y la xenofobia me siento en el deber moral de responder y hablar con orgullo de lo que soy”.
Miles de ejemplos de ataques parecidos a personas con nombres y apellidos, son actos de clara ignominia, que debemos combatir desde distintos ámbitos, desde todos los lugares y espacios, con herramientas legales, cuando se conviertan en ilícitos, injurias, calumnias, con la denuncia pública y siempre con una actuación política y personal, comprometida con los valores de la verdad, la transparencia, la defensa del honor y la dignidad de personas y colectivos que luchan por derechos y libertades. Hoy la libertad de expresión y de información no puede dar cobijo y amparo a actuaciones reprochables ética y socialmente. Cualquier responsable político debe saber que existe un código deontológico para hacer que la política no se convierta en un estercolero de infamias y mentiras, donde todo valga. Porque si caminamos en esa dirección al final, los vencedores será los de siempre, a los que no les hace falta la política, porque creen en el poder de los más fuertes, los más poderosos, los que no necesitan de las instituciones, a los que les sobra el sector público para poder garantizar cada día, los derechos, la dignidad personal y colectiva. Y eso no podemos permitirlo. Hay demasiado en juego.













