Santos Jorna: «Impuestos»

Dinero recaudado en función de la capacidad económica para sufragar necesidades de interés público.  

Mientras el sistema educativo español no introduzca de manera clara, permanente y planificada una asignatura de educación cívica, de educación para una ciudadanía responsable, donde tengan cabida tanto derechos como obligaciones de las personas que habitamos en esta nuestra comunidad social llamada España, algo debemos hacer para ocupar ese vacío. Mientras eso no ocurra, que espero y deseo que se produzca más pronto que tarde, creo que sería muy deseable que, a nivel municipal, diseñáramos e impartiéramos cursos de ciudadanía comprometida con el presente y el futuro de la sociedad en la que vivimos. En dicha escuela de valores, debería sin duda alguna, aparecer una asignatura, una materia que nos hablara, informara, formara, de que son y para qué sirven los impuestos.

Empezaríamos diciendo que nuestro articulo 31.1 de nuestra Constitución Española establece que “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”.

Y tendríamos que argumentar que esto de vivir en una sociedad democrática, tiene una serie de ventajas, que no han llegado caídas de cielo, sino que más bien son el fruto de años, de siglos de luchas para intentar conseguir, reconocer, asegurar el cumplimiento de una serie de derechos y libertades, por las que tanta gente de nuestro entorno, se comprometió hasta llegar a dar algunos de sus bienes más preciados: su vida o su libertad.

A pesar de que tenemos una educación que enseña para el individualismo dentro de un grupo colectivo, y mientras luchamos por una educación que enseñe para la convivencia en sociedad, dentro de una enseñanza mucho más personalizada, debemos crear los instrumentos formativos que nos permitan aclarar algunos conceptos básicos para que todo el mundo los entienda, primer paso para que pueda compartirlos e incluso defenderlos. Por ejemplo, que los gastos públicos son imprescindibles para la gran mayoría de la sociedad, salvo que quisiéramos vivir con la ley del más fuerte, del sálvese quien más pueda. Que, para poder afrontar esos gastos públicos, es imprescindible que la riqueza que se genere en nuestra sociedad contribuya entre otras cosas al mantenimiento de esos servicios públicos de los que nos hemos dotado para vivir con las mayores dosis de dignidad.

 Cuando ahora durante estos días es noticia destacada en todos los medios de comunicación como jóvenes digitales de nuestro país, han aprendido rápido eso de intentar hacer todo lo posible para pagar menos impuestos en la sociedad que les ha dado las oportunidades para conseguir llegar hasta donde han llegado. Ahora es buen momento para planificar escuelas de ciudadanía que sirvan para remarcar para que sirven las herramientas con las que nos hemos dotado para vivir en sociedad. Sin lugar a dudas, buena parte de lo que somos se lo debemos, a la más o menos fortuna, que nuestros antepasados familiares nos transmitieron como su legado, se lo debemos igualmente al talento personal que cada uno se haya podido labrar a lo largo de su vida, se lo debemos al esfuerzo y el riesgo que hayamos querido asumir en cada momento, pero también junto a elementos claramente ligados a nuestra personalidad, nuestra forma de ser, nuestros genes, nuestra familia y amigos, existen otros ligados al poder desarrollar nuestros proyecto personales de vida en un entorno más o menos favorable, en una comunidad que te garantice unos mínimos derechos humanos, y que puedas reivindicar de forma garantista aquellos que se te obstaculizan o violan, incluso judicialmente.

Vemos también en estos días, como en otro país alejado del nuestro Myanmar, se ha llevado a cabo un nuevo golpe de Estado, una de las primeras medidas totalitarias que han tomado los golpistas ha sido la de prohibir el uso de internet. De nada les serviría a estos nuevos jóvenes ricos, todo su dinero, si no pudieran utilizar la red de redes, donde han labrado, con más o menos brillantez su pasado y su presente. Una sociedad democrática, basada en unos principios fundamentales, y que garanticen unos derechos, se fundamenta igualmente en unas obligaciones que como ciudadanos tenemos que asumir. Y no deberíamos cargar toda nuestra artillería, solo frente a estos jóvenes hoy apuntados con nuestro dedo acusador por su insolidaria muestra de compromiso con la sociedad que los ha llevado, en gran parte, hasta donde están. Estas prácticas de evasión fiscal, de engaño, de estafa vienen practicándolas grandes compañías, importantes personalidades del mundo económico, político, social desde hace años, y buen ejemplo de prácticas que se venían produciendo, sin una clara regulación que las tocara,  es la creación de la tasa tobin para poder con ella recaudar importantes cantidades de las transacciones económicas financieras que se movían, con sumo gusto, generando importantes beneficios a muchos poderosos, que no contribuían con sus ganancias al mantenimiento de nuestros sistemas democráticos sociales y de derecho. O también la llamada tasa Google, impuesto sobre determinados servicios digitales, de grandes empresas tecnológicas que se aprovechaban de la inexistencia de fronteras físicas en la producción de gran cantidad de bienes digitales, que generan importantes sumas de dinero a quien las controla.

Nuestro Estado, nuestros gobiernos tienen la obligación de buscar todas esas quiebras, algunas incluso delictivas, donde se han movido siempre los poderosos de nuestras sociedades para no contribuir en función de sus capacidades económicas al mantenimiento de los servicios públicos esenciales. Algunos jóvenes han aprendido rápido como hacerlo, pero otros ya con traje y canas, llevan años haciéndolo con más o menos permisibilidad institucional.

Por todo ello, imprescindible legislar, controlar y perseguir a los que quieren pasarse por el forro, sus obligaciones con la sociedad en la que viven, y por otra parte y es lo que quería de manera prioritaria destacar, formar a todos los integrantes de nuestra sociedad, en materias tales como para qué sirven los sacrificios individuales que hacemos cada vez que tenemos que contribuir al mantenimiento de los servicios públicos pagando, tasas, precios públicos, impuestos.

Un sistema que nos hemos dotado, donde deben pagar más quienes tienen más capacidad económica, y donde los beneficios públicos de esa recaudación deben mantener a flote los servicios que tanto los que más tienen como los que menos, pueden usar para mantener unas vidas dignas en sociedad.

Un curso para la ciudadanía donde debería enseñarse, aunque pueda parecernos una obviedad insultante, o un innecesario ejercicio de información pública transparente que pagamos impuestos para sufragar servicios públicos como

Los sanitarios, como los destinados a la construcción y mantenimiento de hospitales y centros de salud; a la adquisición de equipos y aparatos médicos; a la adquisición de medicamentos; o al abono de los sueldos del personal sanitario…

Los educativos, como los ocasionados por la construcción de centros escolares; por la compra de material didáctico, equipos informáticos o mobiliario; o por el pago de sus sueldos al personal docente…

Los culturales y recreativos, como los dirigidos a construir, equipar y mantener museos, bibliotecas, parques, jardines, instalaciones deportivas…

Los de seguridad y defensa, para costear la policía, los bomberos, los servicios de protección civil en general y las Fuerzas Armadas.

Los originados por el pago de las pensiones, las prestaciones por desempleo y otras prestaciones o ayudas de carácter social.

Los destinados a la construcción y mantenimiento de infraestructuras, como las carreteras, autopistas y autovías, los ferrocarriles, los puertos, los aeropuertos…

Los de recogida de basuras, abastecimiento de agua potable, transporte público…

Además, deberíamos enseñar que se hace marcando unas prioridades que cada gobierno, cada año, ha venido definiendo para el uso de esos recursos, para el mantenimiento de la mayor parte de los servicios actualmente vigentes. En términos ilustrativos medios de cada 100 euros que pagamos en nuestro país, 35 van para servicios que nos dotan de protección social  frente al desempleo, la enfermedad, la edad avanzada, la discapacidad, la familia, los hijos, 14, 7 euros van destinados a la salud ( ahora parece que nadie dudaría de la inversión pública en un bien, que solo sabemos valorar cuando nos falta),12 euros a asuntos económicos productivos , como la agricultura, la pesa, la construcción, el transporte, las comunicaciones, 11 euros a la Educación o 5 euros al orden público y la seguridad ( policía, protección frente a incendios, tribunales de justicia.)

Alguien se imagina una sociedad, un país, sin una fuerte red de protección social, sin un valioso sistema público de Sanidad, si un potente motor público de actividad económica o sin una importante inversión en Educación.

Cada uno de los 230 municipios de nuestra provincia, deberían dedicar alguno de los muchos cursos que se dan a lo largo del año en nuestras localidades a enseñar para que sirven los impuestos que pagan todos sus habitantes, no hay mejor manera de promover el compromiso con la sociedad en la que se vive, que sabiendo que convivimos con mayor libertad e igualdad, ejerciendo la solidaridad que supone el principio de que  pague más el que más tiene, para poder redistribuir mejor al que más lo necesita, en un convivencia pacífica, democrática y digna en lo personal y en lo colectivo.

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